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Cuota del PIB no petrolero: 55% PIB real 2025 |Desempleo saudí: 7,2% T4 2025 |Activos del PIF: 925.000 mill. $ estimación 2025 |IED sobre PIB: 2,8% último dato 2025 |Participación laboral femenina: 35,0% último dato 2025 |Calificación crediticia: Aa3/A+/A+ Moody's/Fitch/S&P |Crecimiento del PIB: 4,5% real 2025 |Peregrinos de la Umra: 18 mill.+ del extranjero 2025 |Cuota del PIB no petrolero: 55% PIB real 2025 |Desempleo saudí: 7,2% T4 2025 |Activos del PIF: 925.000 mill. $ estimación 2025 |IED sobre PIB: 2,8% último dato 2025 |Participación laboral femenina: 35,0% último dato 2025 |Calificación crediticia: Aa3/A+/A+ Moody's/Fitch/S&P |Crecimiento del PIB: 4,5% real 2025 |Peregrinos de la Umra: 18 mill.+ del extranjero 2025 |
Institución

Sostenibilidad fiscal: diversificar los ingresos del Estado más allá del petróleo

La prioridad de sostenibilidad fiscal de Arabia Saudí en la Visión 2030 busca una reducción drástica de la dependencia del petróleo, elevando los ingresos no petroleros desde 163.000 millones de riyales hacia 1 billón. Con la implantación del IVA, reformas del gasto y una calificación estable de grado de inversión, el Reino reestructura sus finanzas públicas para una era pospetrolera.

Este análisis de los KPI de sostenibilidad fiscal de Arabia Saudí sigue los ingresos no petroleros, el IVA, la disciplina de gasto, la gestión de la deuda y la resiliencia presupuestaria de la Visión 2030 del Reino.

El imperativo de la diversificación de ingresos

Durante buena parte de un siglo, la arquitectura fiscal de Arabia Saudí descansó sobre un único cimiento volátil: los ingresos de los hidrocarburos. En el arranque de la Visión 2030, los ingresos del petróleo constituían en torno al 87 % de los ingresos totales del Estado, un ratio de concentración que dejaba cada ciclo presupuestario rehén de los caprichos de los mercados mundiales de materias primas. La prioridad de sostenibilidad fiscal, alojada en el Pilar 3 de la Visión 2030 —«Una nación ambiciosa»—, representa una reinvención estructural de cómo el Estado saudí se financia, presta servicios públicos y gestiona la riqueza intergeneracional.

No se trata de un mero ejercicio contable. La transición de un modelo fiscal de petroestado a una base de ingresos diversificada afecta a cada fibra de la economía saudí, desde el marco tributario que se impone a empresas y consumidores hasta la eficiencia con que los organismos públicos despliegan el capital. La ambición es audaz: transformar los ingresos no petroleros desde 163.000 millones de riyales de partida hacia una trayectoria que apunta a 1 billón de riyales, construyendo de hecho un motor de ingresos paralelo de escala comparable a la de la propia economía petrolera.

Contexto histórico: la trampa de los ingresos del petróleo

La historia fiscal de Arabia Saudí es inseparable de la del crudo. El primer presupuesto formal del Reino, en 1948, se financió casi por completo con los pagos de concesión del predecesor de Aramco. A lo largo de las décadas siguientes, la riqueza petrolera permitió un desarrollo extraordinario de infraestructuras, generosos contratos sociales y la acumulación de reservas sustanciales. Sin embargo, esa abundancia arrastraba una debilidad estructural que los sucesivos planes económicos reconocieron, pero nunca abordaron del todo.

El desplome del precio del petróleo de 2014-2016, que vio caer el Brent de más de 115 dólares por barril a menos de 30, fue el catalizador inmediato de la reforma. Arabia Saudí registró un déficit fiscal superior a 366.000 millones de riyales en 2015, en torno al 15 % del PIB. Las reservas exteriores, aunque sustanciales, se agotaban a un ritmo insostenible. El statu quo ya no era viable.

Estructura de ingresos previa a la Visión 2030

Fuente de ingresosCuota de los ingresos totales (2015)Cuota de los ingresos totales (2025 est.)
Ingresos del petróleo~87 %~62 %
Ingresos tributarios no petroleros~5 %~18 %
Otros ingresos no petroleros~8 %~20 %

La trayectoria, aunque todavía incompleta, demuestra un cambio estructural significativo en la composición de los ingresos públicos. Nuestro seguimiento de KPI monitoriza en detalle los indicadores de ingresos no petroleros.

El IVA: la reforma angular

La introducción del impuesto sobre el valor añadido marcó el cambio de política tributaria más importante de la historia moderna de Arabia Saudí. Esta reforma regulatoria reconfiguró de raíz la trayectoria de la diversificación económica. Implantado el 1 de enero de 2018 a un tipo del 5 % —en coordinación con Emiratos bajo el Acuerdo Marco del IVA del CCG—, el gravamen supuso el primer impuesto general sobre el consumo del Reino.

El tipo inicial del 5 % fue deliberadamente modesto, pensado para aclimatar a una población y una comunidad empresarial poco habituadas a la imposición indirecta. La infraestructura de cumplimiento debía construirse desde cero: sistemas de registro, plataformas de presentación, capacidades de auditoría y programas de educación al contribuyente requerían todos un despliegue simultáneo.

La triplicación de 2020

Las presiones fiscales inducidas por la pandemia de COVID-19 y la guerra de precios del petróleo que la acompañó aceleraron de forma drástica el calendario del IVA. En julio de 2020, Arabia Saudí triplicó el tipo del IVA del 5 % al 15 %, una decisión que subrayó tanto la urgencia de la diversificación de ingresos como la disposición del Gobierno a tomar decisiones políticamente difíciles.

La triplicación fue polémica. La inflación de los precios al consumo se disparó en los meses posteriores a su aplicación, y las pequeñas empresas vieron comprimidos sus márgenes. Sin embargo, el impacto sobre los ingresos fue sustancial. La recaudación del IVA se disparó hasta convertirse en la mayor fuente de ingresos tributarios no petroleros, lo que validó el instrumento como una herramienta fiscal duradera.

Los críticos sostuvieron que la subida del tipo era demasiado agresiva y arriesgaba frenar el consumo en un momento en que la recuperación económica exigía estímulo. Los defensores replicaron que la alternativa —recortes más profundos de la inversión de capital o nuevas detracciones de reservas— acarreaba costes mayores a largo plazo. El debate iluminó una tensión que sigue animando la política fiscal saudí: los imperativos contrapuestos del apoyo económico a corto plazo y la reforma estructural a largo plazo.

Más allá del IVA: la arquitectura de ingresos no petroleros

Aunque el IVA acapara la mayor atención pública, la estrategia de ingresos no petroleros abarca un abanico más amplio de instrumentos.

Impuestos especiales

Introducidos en junio de 2017, los impuestos especiales gravan el tabaco (100 %), las bebidas energéticas (100 %) y las bebidas carbonatadas (50 %). Más allá de la generación de ingresos, estos gravámenes persiguen objetivos de salud pública, en línea con el compromiso de la Visión 2030 de mejorar la calidad de vida.

Tasas a los expatriados

El sistema de tasas por dependientes y por trabajo, introducido de forma escalonada desde 2017, impone cargas a los trabajadores expatriados y a sus dependientes. Además de generar ingresos significativos, estos gravámenes sirven a la agenda de saudización al alterar el coste relativo de la mano de obra extranjera frente a la nacional. La política ha sido objeto de varias recalibraciones a medida que el Gobierno equilibra los objetivos de ingresos con las preocupaciones por la competitividad empresarial.

Ingresos por inversiones del Estado

La cartera en expansión del Fondo de Inversiones Públicas genera dividendos, plusvalías e ingresos por comisiones que complementan cada vez más la posición fiscal. El crecimiento del PIF, desde unos 150.000 millones de dólares en activos gestionados en el arranque de la Visión 2030 hasta más de 900.000 millones, representa una expansión estructural de la base de ingresos no petroleros del Estado.

Reformas del zakat y del impuesto sobre la renta

La Autoridad de Zakat, Impuestos y Aduanas (ZATCA) ha experimentado una modernización sustancial. Los mandatos de facturación electrónica, la normativa sobre precios de transferencia y unas capacidades de auditoría reforzadas han mejorado la eficiencia de la recaudación. Aunque los ciudadanos saudíes pagan zakat en lugar del impuesto sobre la renta, las entidades extranjeras que operan en el Reino afrontan un impuesto de sociedades del 20 %, y las reformas recientes han endurecido el cumplimiento.

La eficiencia del gasto: la otra cara del balance

La sostenibilidad fiscal no es solo una cuestión de ingresos. La Visión 2030 reconoció que la eficiencia del gasto público requería igual atención.

El legado del Programa de Equilibrio Fiscal

El Programa de Equilibrio Fiscal (FBP), lanzado en 2016, actuó como vehículo institucional inicial de la consolidación fiscal. Su mandato abarcaba la mejora de los ingresos, la racionalización del gasto y el desarrollo de un marco fiscal de medio plazo. El programa se fijó el equilibrio fiscal para 2020, un objetivo que después se aplazó a causa de la pandemia.

Una vez cumplidas sus reformas estructurales principales, las funciones del Programa de Sostenibilidad Fiscal se transfirieron al Ministerio de Finanzas, integrando la disciplina fiscal en la arquitectura institucional permanente en lugar de mantenerla como una iniciativa autónoma. Esta transición señala madurez: la sostenibilidad fiscal ya no es un proyecto especial, sino una función central del Estado.

Reformas del gasto

Entre las principales medidas de eficiencia del gasto figuran:

  • Reforma del precio de la energía: la reducción por fases de las subvenciones al combustible y la electricidad, iniciada en 2016, ha generado ahorros sustanciales a la vez que ha introducido una fijación de precios más ajustada al mercado. Las transferencias de efectivo focalizadas del programa Cuenta del Ciudadano compensan en parte el impacto sobre los hogares de renta baja.
  • Modernización de la contratación pública: la creación de la Autoridad de Eficiencia del Gasto y los Proyectos (EXPRO) ha centralizado la supervisión de la contratación, con ahorros derivados de las compras consolidadas, los contratos estandarizados y una evaluación de proyectos reforzada.
  • Gestión de la masa salarial: dado que la remuneración del sector público ha absorbido históricamente en torno al 45 % del gasto total, las reformas de las prácticas de contratación, las estructuras de complementos y la planificación de plantillas han buscado moderar esta carga sin dejar de prestar los servicios.

Solvencia crediticia soberana

Las calificaciones crediticias internacionales ofrecen una referencia externa para evaluar la trayectoria fiscal del Reino. Según las evaluaciones más recientes:

AgenciaCalificaciónPerspectiva
Moody’sAa3Estable
FitchA+Estable
S&P GlobalAEstable

Estas calificaciones reflejan un juicio compuesto que abarca los colchones fiscales, la fortaleza institucional, el progreso de la diversificación económica y el riesgo geopolítico. Las perspectivas estables en las tres grandes agencias sugieren confianza en la trayectoria actual, aunque las calificaciones también incorporan el supuesto de que el impulso reformista se mantendrá.

La calificación Aa3 de Moody’s es notablemente más alta que las asignadas por Fitch y S&P, reflejo del mayor peso que Moody’s otorga a la excepcional posición de activos netos del Reino: la combinación de los activos del PIF, las reservas de SAMA y unos niveles de deuda relativamente moderados respecto al PIB.

Gestión de la deuda

El regreso de Arabia Saudí a los mercados internacionales de deuda en 2016, con una emisión de bonos soberanos de 17.500 millones de dólares —entonces la mayor de la historia de los mercados emergentes—, demostró el acceso del Reino a los mercados de capitales. Las emisiones posteriores, tanto en formato convencional como de sukuk, han consolidado una presencia regular en los mercados mundiales de renta fija.

El Centro Nacional de Gestión de la Deuda (NDMC), creado en 2015, gestiona el programa de endeudamiento soberano con una sofisticación creciente. El ratio de deuda sobre PIB, aunque ha subido desde niveles cercanos a cero anteriores a 2015, se mantiene moderado según los estándares internacionales, lo que proporciona margen fiscal para continuar invirtiendo en diversificación.

El Ministerio de Finanzas: ancla institucional

El Ministerio de Finanzas actúa como ancla institucional de la sostenibilidad fiscal. Bajo la dirección nombrada en la era de la Visión 2030, el Ministerio ha experimentado una modernización significativa:

  • Marco Fiscal de Medio Plazo: la adopción de un marco fiscal trienal renovable ha mejorado la previsibilidad presupuestaria y ha alineado el gasto con las prioridades estratégicas.
  • Gestión del riesgo fiscal: una identificación y cuantificación reforzadas de los pasivos contingentes, incluidos los derivados de las garantías públicas y las colaboraciones público-privadas.
  • Transparencia: la participación de Arabia Saudí en la Norma Especial de Divulgación de Datos (SDDS) del FMI y la publicación de informes trimestrales de ejecución presupuestaria han reforzado la transparencia fiscal.

SAMA —el Banco Central Saudí— complementa el papel fiscal del Ministerio mediante la gestión de la política monetaria, la administración de las reservas exteriores y la regulación del sector financiero. La coordinación entre las autoridades fiscal y monetaria se ha puesto a prueba en repetidas ocasiones durante las dislocaciones del precio del petróleo y, en general, ha demostrado ser eficaz.

Retos y riesgos estructurales

La agenda de sostenibilidad fiscal afronta varios retos persistentes.

Sensibilidad al precio del petróleo

Pese al progreso en la diversificación, el precio del petróleo de equilibrio fiscal —el precio por barril necesario para equilibrar el presupuesto— sigue siendo elevado. Las estimaciones varían según la metodología, pero la mayoría lo sitúa en el rango de 80-95 dólares por barril. Aunque es sustancialmente más bajo que los niveles máximos de comienzos de la década de 2010, esta cifra subraya la importancia continuada de los ingresos del petróleo durante el periodo de transición.

Presiones de gasto

La cartera de gigaproyectos —NEOM, el mar Rojo, AMAALA, Qiddiya y otros— exige un despliegue de capital enorme. Equilibrar estas inversiones transformadoras con la prudencia fiscal requiere una calibración continua. El riesgo de sobrecostes, retrasos o rentabilidades insuficientes en estos proyectos representa una contingencia fiscal significativa.

La evolución del contrato social

El pacto implícito entre Estado y ciudadanía —baja tributación a cambio de una amplia provisión pública— se está renegociando en tiempo real. El IVA, la reforma de las subvenciones y la reducción de las garantías de empleo público alteran ese pacto. Gestionar las expectativas del público sin perder el impulso reformista es un reto de economía política de primer orden.

Incertidumbre regional y geopolítica

El gasto en defensa y seguridad consume una parte sustancial del presupuesto, y la inestabilidad regional puede generar demandas fiscales imprevistas. La posición estratégica del Reino en un vecindario volátil añade un elemento de imprevisibilidad a la planificación fiscal.

Comparaciones internacionales

El esfuerzo de diversificación fiscal de Arabia Saudí se beneficia del examen de las experiencias de sus pares.

PaísIngresos no petroleros como % del total (último dato)Tipo de IVACalificación soberana (S&P)
Arabia Saudí~38 %15 %A
EAU~65 %5 %AA
Noruega~78 %25 %AAA
Catar~30 %NingunoAA-
Kuwait~15 %NingunoA+

El modelo de Noruega —en el que los ingresos del petróleo se canalizan de forma sistemática hacia un fondo soberano mientras el gasto corriente se financia principalmente con fuentes no petroleras— representa la referencia aspiracional, aunque Noruega lo logró a lo largo de varias décadas de maduración institucional.

Entre sus pares del CCG, Arabia Saudí es quien más agresivamente ha avanzado en la reforma tributaria: Emiratos mantiene un tipo de IVA más bajo, y Catar y Kuwait aún no han introducido impuestos generales sobre el consumo.

Perspectivas y valoración

La trayectoria de sostenibilidad fiscal de Arabia Saudí presenta un panorama dispar, pero en términos generales alentador. Las reformas estructurales aplicadas desde 2016 —la introducción del IVA y su posterior triplicación, la racionalización de las subvenciones, la modernización institucional y el desarrollo de un marco fiscal de medio plazo— representan un progreso genuino y, en algunos casos, irreversible.

La transferencia de las funciones del Programa de Sostenibilidad Fiscal al Ministerio de Finanzas es una señal positiva, que sugiere que la disciplina fiscal se está institucionalizando en lugar de tratarse como una medida de emergencia. Las evaluaciones de las agencias de calificación confirman que el Reino conserva sólidos colchones fiscales y credibilidad de mercado.

Sin embargo, el camino dista mucho de estar completo. Los ingresos no petroleros, aunque crecen de forma impresionante en términos absolutos, no han alcanzado todavía la escala necesaria para aislar plenamente el presupuesto de la volatilidad del mercado del petróleo. El precio del petróleo de equilibrio fiscal sigue siendo elevado, y las exigencias de capital de la cartera de gigaproyectos pondrán a prueba la capacidad del Gobierno para equilibrar la ambición inversora con la prudencia fiscal.

La variable más determinante puede ser la menos susceptible al control de la política: la trayectoria de la demanda mundial de petróleo. Si la transición energética se acelera más allá de las proyecciones actuales de consenso, la urgencia de la diversificación fiscal se intensificará en la misma medida. El programa de sostenibilidad fiscal de Arabia Saudí es, en su esencia, una cobertura frente a este riesgo estructural, una cobertura que, por cualquier medida razonable, se está ejecutando con mayor seriedad y compromiso institucional que en ningún momento anterior de la historia del Reino.