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Prioridad: identidad nacional y patrimonio cultural

La inversión estratégica de Arabia Saudí en la preservación del patrimonio cultural, la lengua árabe, el orgullo nacional, el Ministerio de Cultura y las 11 comisiones culturales que impulsan la identidad y el patrimonio en el Pilar 1 de la Visión 2030.

Donovan Vanderbilt · · 11 min de lectura
Visión
Estructura de programas de la Visión 2030

La identidad nacional en el marco de la Visión 2030

La identidad nacional y el patrimonio cultural ocupan el centro del primer pilar de la Visión 2030, «Una sociedad vibrante», junto a las ambiciones económicas más conocidas del Reino: el PIB no petrolero, la inversión extranjera directa, los gigaproyectos y el fondo soberano. Esta prioridad aborda la preservación y la promoción de la identidad saudí, la lengua árabe, los enclaves patrimoniales, la participación cultural y el orgullo nacional. Parte de la convicción de que la modernización y la continuidad cultural no son fuerzas opuestas, sino imperativos que se refuerzan mutuamente.

Para Arabia Saudí, la identidad nacional bebe de múltiples fuentes: la fe islámica que ancla la legitimidad del Estado, la lengua árabe que sirve de vehículo tanto a la tradición religiosa como a la literaria, las culturas tribales y regionales que componen el tejido social del Reino y el relato histórico de la unificación que dota al Estado moderno de su mito fundacional. La Visión 2030 no trata estos elementos como herencias estáticas que haya que mantener de forma pasiva. Al contrario, los somete a la misma lógica de planificación estratégica, inversión institucional y resultados medibles que rige las prioridades industriales y económicas del Reino.

El Ministerio de Cultura

La creación del Ministerio de Cultura en 2018, escindido del antiguo Ministerio de Cultura e Información, marcó un punto de inflexión para la política cultural en Arabia Saudí. Por primera vez, la cultura recibía una representación ministerial propia, lo que señalaba que el Estado consideraba el desarrollo cultural una prioridad de gobierno equiparable a la sanidad, la educación o la industria.

Bajo la dirección del príncipe Badr bin Abdullah bin Farhan Al Saud, el Ministerio ha desplegado una agenda ambiciosa que abarca la preservación del patrimonio, el desarrollo de las artes, el cultivo de las industrias creativas y la diplomacia cultural internacional. Su fundación representó algo más que una reorganización burocrática. Fue una declaración institucional: Arabia Saudí se proponía moldear activamente su panorama cultural en lugar de dejarlo en manos de fuerzas espontáneas o relegarlo a una función subordinada dentro de un ministerio de información más amplio.

El marco estratégico del Ministerio concibe la cultura como un bien intrínseco y, a la vez, como un activo económico. Las industrias culturales y creativas contribuyen al PIB, generan empleo, atraen turismo y realzan la reputación internacional del Reino. Esta doble mirada —la cultura como identidad y la cultura como economía— impregna el enfoque del Ministerio y lo distingue de concepciones más estrechas de la política cultural que tratan la preservación del patrimonio y el desarrollo económico como ámbitos separados.

Las once comisiones culturales

Quizá la innovación más relevante desde el punto de vista estructural en la gobernanza cultural saudí haya sido la creación de once comisiones culturales especializadas, cada una encargada de desarrollar y regular un sector cultural distinto. Esta arquitectura basada en comisiones distribuye la pericia y la rendición de cuentas por todo el espectro de la actividad cultural, y evita el cuello de botella institucional que se produce cuando un único ministerio intenta gestionar cada dimensión de la política cultural.

La Comisión Saudí del Patrimonio supervisa la identificación, documentación, preservación y promoción del patrimonio cultural material e inmaterial. Su cometido abarca desde los yacimientos arqueológicos y los edificios históricos hasta la artesanía tradicional, las tradiciones orales y las prácticas culturales. La comisión gestiona la relación del Reino con la Unesco en materia de patrimonio y coordina la propuesta de enclaves para su inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial.

La Comisión de Literatura, Edición y Traducción cultiva el ecosistema literario saudí, con apoyo a autores, editores y traductores, al tiempo que promueve la literatura saudí en el ámbito internacional. Entre sus iniciativas figuran ferias del libro, premios literarios, ayudas a la traducción y programas concebidos para elevar los índices de lectura entre la población saudí.

La Comisión Saudí del Cine ha supervisado la espectacular apertura del sector del cine y la producción cinematográfica saudíes desde el levantamiento de la prohibición de las salas en 2018. La comisión concede permisos de rodaje, incentivos a la producción, programas de formación y marcos de coproducción internacional. La emergencia de Arabia Saudí como plató de rodaje y su creciente mercado interno de exhibición representan una de las transformaciones culturales más visibles de la Visión 2030.

La Comisión de Música respalda el desarrollo de la escena musical saudí en todos los géneros, desde las formas tradicionales hasta la producción contemporánea. Su labor incluye la concesión de licencias para conciertos, el desarrollo de artistas, la promoción de la educación musical y la documentación del rico patrimonio musical del Reino.

La Comisión de Arquitectura y Diseño aborda el entorno construido como expresión cultural, y promueve la excelencia del diseño en la arquitectura saudí a la vez que preserva el patrimonio arquitectónico. La comisión interviene en el urbanismo, el diseño del espacio público y la integración de la sensibilidad estética saudí en la práctica constructiva contemporánea.

La Comisión de Moda sitúa a Arabia Saudí dentro de la industria mundial de la moda: apoya a los diseñadores saudíes, organiza eventos y cultiva un ecosistema de moda nacional que bebe de las tradiciones textiles del Reino al tiempo que dialoga con los mercados internacionales.

La Comisión de Artes Culinarias documenta y promueve el patrimonio gastronómico saudí y respalda el desarrollo del sector de la alimentación y la hostelería del Reino. La cocina tradicional saudí, largamente infrarrepresentada en la conversación culinaria mundial, ha ganado reconocimiento internacional gracias a la labor de la comisión.

Las comisiones restantes cubren las artes visuales, las artes escénicas, los museos y las bibliotecas, y completan una infraestructura institucional integral que abarca cada dimensión importante de la expresión cultural. Cada comisión opera con cierto grado de autonomía dentro del marco estratégico general del Ministerio de Cultura, lo que permite una pericia y una capacidad de respuesta específicas de cada sector.

Preservación y promoción de la lengua árabe

La lengua árabe ocupa una posición de singular importancia dentro de la identidad nacional saudí. Como lengua del Corán, medio de la erudición islámica clásica y lengua viva de la población del Reino, el árabe es a la vez una institución religiosa, literaria y cívica. La Visión 2030 reconoce que la vitalidad de la lengua árabe no puede darse por sentada en una era de globalización, comunicación digital y predominio del inglés en la ciencia, la tecnología y los negocios.

La Academia de la Lengua Árabe, junto con diversas iniciativas albergadas en el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Educación, aplica un enfoque de múltiples frentes a la preservación de la lengua. Los programas incluyen el desarrollo de contenidos digitales en árabe, el apoyo a la lingüística computacional y al procesamiento del lenguaje natural en árabe, la promoción de la caligrafía árabe como arte vivo, la creación de programación cultural en árabe y la integración del legado literario árabe en los planes de estudio.

La caligrafía reviste especial importancia. La caligrafía árabe está reconocida por la Unesco como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad, y el Reino ha invertido en su enseñanza, en exposiciones y en instalaciones de arte público que mantienen esta tradición como presencia visible en la vida saudí contemporánea. La iniciativa del Año de la Caligrafía Árabe atrajo la atención de todo el país hacia este arte, con encargos de obras públicas, talleres y programas educativos por todo el Reino.

El reto es matizado. El objetivo no es el aislacionismo lingüístico, sino una confianza bilingüe que permita a los ciudadanos saudíes desenvolverse con fluidez en la economía global manteniendo el árabe como lengua principal de la expresión cultural, la vida pública y el discurso intelectual. Las reformas curriculares en curso del Ministerio de Educación reflejan este equilibrio: refuerzan la enseñanza de la lengua árabe a la vez que amplían la competencia en inglés.

La preservación del patrimonio más allá del entorno construido

El patrimonio cultural de Arabia Saudí trasciende con mucho los edificios y los yacimientos arqueológicos. El patrimonio cultural inmaterial del Reino —que engloba la música tradicional, la danza, la poesía, la artesanía, la narración oral y las prácticas sociales— constituye un repositorio vivo de identidad especialmente vulnerable a los rápidos cambios sociales que acompañan a la Visión 2030.

La Comisión Saudí del Patrimonio ha emprendido un programa sistemático de documentación del patrimonio inmaterial, apoyado en la investigación etnográfica, la recopilación de historia oral y la implicación de las comunidades. Prácticas tradicionales como la danza del sable Ardah, el arte de la pintura mural Al-Qatt Al-Asiri (inscrito en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la Unesco) y las tradiciones de la preparación del café saudí y la hospitalidad han sido formalmente reconocidas y promovidas.

La diversidad cultural regional recibe un énfasis particular. Las trece regiones administrativas del Reino mantienen cada una tradiciones culturales propias, desde el patrimonio marítimo de la Provincia Oriental y los estilos arquitectónicos de la región de Asir hasta las tradiciones pastoriles de las tierras fronterizas del norte y las formas culturales hiyazíes de la costa occidental. El enfoque de la comisión trata esta diversidad regional como un activo nacional, y se resiste a las tendencias homogeneizadoras que pueden generar la rápida urbanización y la saturación mediática.

Orgullo nacional e identidad cívica

Más allá de la preservación del patrimonio, esta prioridad comprende el cultivo del orgullo nacional entre los ciudadanos saudíes, en especial entre los jóvenes, que constituyen la mayoría demográfica. Las celebraciones del Día Nacional Saudí, el Día de la Fundación —que conmemora el establecimiento del primer Estado saudí— y diversos actos conmemorativos nacionales se han ampliado y reimaginado bajo la Visión 2030.

La Iniciativa Verde Saudí y otros programas medioambientales se han enmarcado en parte desde la óptica de la identidad nacional, al vincular la protección del medio ambiente a un sentido de responsabilidad por el paisaje natural del Reino. Los programas deportivos, desde la organización de eventos deportivos internacionales hasta el desarrollo del deporte de base, contribuyen al orgullo nacional y a la participación cívica.

Los museos y las instituciones culturales desempeñan un papel central. El desarrollo previsto de nuevos museos nacionales, la ampliación de las instituciones existentes y la creación de distritos culturales en las principales ciudades pretenden ofrecer espacios físicos donde los ciudadanos saudíes puedan conectar con su patrimonio y con la producción cultural contemporánea. El proyecto Diriyah Gate, centrado en la cuna del Estado saudí inscrita por la Unesco, representa la expresión más ambiciosa de este enfoque, al combinar la preservación del patrimonio con la hostelería, el comercio minorista y la programación cultural.

Diplomacia cultural internacional

El cultivo de la identidad nacional tiene una dimensión externa. Arabia Saudí ha desplegado una estrategia de diplomacia cultural cada vez más activa: participa en bienales de arte internacionales, organiza festivales culturales, presta piezas a los grandes museos del mundo y establece programas de intercambio cultural con países de todo el planeta. El desarrollo de AlUla, articulado en torno a la alianza con la Agencia Francesa para el Desarrollo de AlUla (AFALULA), ejemplifica este enfoque al combinar la preservación arqueológica con la colaboración cultural internacional.

Estos esfuerzos cumplen un doble propósito: proyectar ante el público internacional una imagen moderna y culturalmente rica del Reino, a la vez que crean oportunidades para que artistas, académicos y agentes culturales saudíes dialoguen con sus pares e instituciones de todo el mundo.

Valoración estratégica

La prioridad de la identidad nacional y el patrimonio cultural ocupa una posición singular dentro de la Visión 2030. Es, a un tiempo, la más intangible de las prioridades estratégicas del Reino y una de las más desarrolladas desde el punto de vista institucional, con un ministerio propio, once comisiones especializadas y un compromiso presupuestario sustancial. La rapidez con la que Arabia Saudí ha construido su infraestructura de gobernanza cultural desde 2018 resulta notable: ha pasado de una capacidad institucional mínima a un ecosistema integral en menos de una década.

Los retos que se avecinan tienen menos que ver con la construcción institucional, en la que se ha avanzado de forma considerable, y más con la profundidad y la sostenibilidad. La transformación cultural no puede imponerse desde arriba; requiere la participación orgánica de comunidades, artistas, intelectuales y ciudadanos de a pie. La estructura de comisiones aporta el marco institucional, pero la vitalidad de la vida cultural saudí dependerá en última instancia del grado en que los ciudadanos saudíes hagan suyo el ecosistema cultural que la Visión 2030 ha creado y contribuyan a él.

Para una nación que afronta una transformación al ritmo y la escala que Arabia Saudí ha elegido, la inversión deliberada en la identidad nacional y el patrimonio cultural no es un lujo ni una ocurrencia tardía. Es una necesidad estratégica que aporta la cohesión social, la continuidad histórica y la confianza colectiva que hacen sostenible una modernización acelerada a largo plazo.