Crecimiento del PIB no petrolero: seguimiento del KPI
Seguimiento de la tasa de crecimiento del PIB no petrolero de Arabia Saudí, la medida más pura del impulso de diversificación económica de la Visión 2030.
Situación actual
En la senda prevista — el objetivo de PIB no petrolero de la Visión Saudí 2030 es un corredor de crecimiento real sostenido del 4 % al 5 %, y el reino ha operado recientemente dentro de esa banda. El PIB no petrolero creció aproximadamente un 4,5 % en términos reales en 2024 según la metodología rebaseada de GASTAT, y el Informe Anual de la Visión 2030 de 2025 sitúa el peso de las actividades no petroleras en el 55 % del PIB real, con un crecimiento no petrolero del 4,9 % en 2025. La pregunta para los analistas ya no es si el crecimiento no petrolero puede sostenerse, sino si su composición se está desplazando hacia una actividad genuinamente comercializable y que mejora la productividad, o si sigue anclada a los ciclos de construcción y consumo financiados con dinero público.
Indicadores clave
| Indicador | Valor |
|---|---|
| Crecimiento real no petrolero (2016) | 0,2 % |
| Crecimiento real no petrolero (2018) | 2,2 % |
| Crecimiento real no petrolero (2019) | 3,3 % |
| Crecimiento real no petrolero (2020) | -2,5 % (COVID) |
| Crecimiento real no petrolero (2021) | 5,1 % |
| Crecimiento real no petrolero (2022) | 5,4 % |
| Crecimiento real no petrolero (2023) | 4,6 % |
| Crecimiento real no petrolero (2024, rebaseado) | 4,5 % |
| Crecimiento real no petrolero (2025, est.) | 4,6 % |
| Media 2017-2024 | ~4,2 % |
| Banda objetivo de la Visión 2030 | 4-5 % sostenido |
| Peso de las actividades no petroleras en el PIB real (2025) | 55 % |
| Peso del sector privado en el PIB (2025) | 51 % |
| Objetivo de peso del sector privado (2030) | 65 % |
Definición y metodología
El crecimiento del PIB no petrolero es el indicador titular de la diversificación y lo calcula la Autoridad General de Estadística (GASTAT) como la variación porcentual interanual del valor añadido real de toda actividad económica salvo la extracción de crudo y gas natural. La serie se publica trimestralmente con consolidación anual, se expresa a precios constantes y se ajusta estacionalmente para controlar los efectos del Ramadán, el Hach y el calendario escolar. Los desgloses sectoriales se difunden junto con la cifra titular —cubren 134 agrupaciones de actividad bajo la clasificación posterior a 2025 (frente a las 85 anteriores)—, lo que permite una lectura granular de qué actividades no petroleras hacen el trabajo cada trimestre.
El panorama metodológico cambió de forma sustancial en mayo de 2025. GASTAT publicó un rebaseo integral (cambio de año base) que trasladó el año de referencia de 2018 a 2023, integró las mejoras de PIB real encadenado publicadas por primera vez en 2024 e incorporó las recomendaciones de las misiones de asistencia técnica del FMI realizadas entre 2019 y 2024. El rebaseo recalculó hacia atrás la serie histórica, de modo que el registro de 2017-2024 se presenta ahora sobre una base coherente posterior al rebaseo. La regla editorial crítica es que las tasas de crecimiento, los pesos de contribución al PIB real, los pesos de contribución a precios corrientes y la contribución del sector privado al PIB no pueden tratarse como la misma métrica. El titular oficial de la Visión 2030 de 2025 sitúa las actividades no petroleras en el 55 % del PIB real; esta página utiliza esa definición al hablar del avance del peso sobre el PIB.
Cualquier comparación directa de los datos anteriores a 2025 con las cifras posteriores al rebaseo exige cautela. El Vanderbilt Portfolio utiliza la serie rebaseada para 2017-2025 y señala las cifras heredadas anteriores al rebaseo cuando aparecen en comentarios más antiguos. El FMI, en su consulta del Artículo IV de 2025, aceptó el rebaseo como ampliamente coherente con las mejores prácticas internacionales, lo que aporta una validación externa para la comparación con otros países.
Trayectoria año a año
La trayectoria de una década del crecimiento no petrolero encaja con nitidez en tres fases de la implementación de la Visión 2030: un valle de consolidación fiscal (2016-2017), una fase de desarrollo (2018-2019) y el ciclo acelerado de entrega pospandémica (2021-2025). La propia pandemia se sitúa entre las fases dos y tres, como una contracción de un solo año.
| Año | Crecimiento no petrolero | Motores principales | Contexto macro |
|---|---|---|---|
| 2016 | 0,2 % | Reforma de subsidios, repliegue fiscal | Lanzamiento de la Visión 2030; mínimo del precio del petróleo |
| 2017 | 1,4 % | Inversión pública, comercio minorista | Primer año tras el lanzamiento; pico de austeridad |
| 2018 | 2,2 % | Recuperación de la construcción, introducción del IVA | El IVA del 5 % arranca en enero de 2018 |
| 2019 | 3,3 % | Preparativos turísticos, servicios | Primeros datos de empleo público mejores de lo previsto |
| 2020 | -2,5 % | Choque de la pandemia, confinamiento | IVA elevado al 15 %; hundimiento del petróleo |
| 2021 | 5,1 % | Reapertura, rebote del comercio minorista | Despliegue de vacunas; expansión fiscal |
| 2022 | 5,4 % | Despliegue del PIF, reapertura turística | Mejor año no petrolero desde 2014 |
| 2023 | 4,6 % | Construcción, servicios financieros | Expansión del mercado hipotecario |
| 2024 | 4,5 % | Comercio minorista, hostelería, construcción | Primer año completo de llegada de visitantes a los gigaproyectos |
| 2025 (est.) | 4,6 % | Comercio, finanzas, industria | Los datos rebaseados confirman el ritmo sostenido |
La base de 2016 es el punto de referencia más importante, porque capta la profundidad del reto de la diversificación en el momento en que se presentó la Visión 2030. El crecimiento no petrolero fue del 0,2 % —prácticamente nulo— mientras la economía absorbía los recortes de subsidios, la salida de trabajadores extranjeros y una caída del 70 % de los ingresos petroleros desde el pico de 2014. Que la economía no petrolera haya promediado un ritmo pospandémico del 4,5 % pese a una postura fiscal que sigue siendo más estricta que en la etapa anterior a 2014 es la prueba más clara de que el programa de diversificación produce resultados estructurales, y no solo cíclicos.
El año de la pandemia es ilustrativo de otra manera. Una contracción del 2,5 % en 2020 —más leve que las caídas del 6 % al 8 % que sufrieron la mayoría de las economías avanzadas— refleja tanto el tamaño de la parte de la economía no petrolera financiada con dinero público (que actúa como amortiguador) como la temprana reapertura de la construcción. La recuperación en forma de V en 2021 y 2022 se debió en parte a efectos de base, pero los datos de contratación del sector privado de la Organización General de Seguros Sociales (GOSI) confirman que el rebote fue real y amplio, y no un simple repunte estadístico.
Motores sectoriales
El prisma más importante sobre el crecimiento no petrolero es la descomposición sectorial, porque la tasa titular por sí sola no puede distinguir entre la construcción financiada con dinero público (que depende de los ingresos del petróleo) y la actividad privada genuinamente diversificada (que no depende de ellos). Los últimos datos de GASTAT ofrecen una lectura más clara de lo que era posible antes del rebaseo.
| Sector | Peso en el VAB no petrolero (2024) | Crecimiento real (2024) | Situación |
|---|---|---|---|
| Comercio mayorista y minorista, restaurantes, hoteles | ~17 % | 6,4 % | Mayor contribución absoluta |
| Industria (excl. refino) | ~14 % | 4,0 % | Estable, expuesta al comercio |
| Servicios públicos | ~21 % | 1,8 % | Lento, estructural |
| Inmobiliario | ~9 % | 4,2 % | Liderado por Riad; impulsado por hipotecas |
| Construcción | ~10 % | 5,5 % | Cartera de gigaproyectos |
| Servicios financieros y seguros | ~7 % | 5,7 % | Tadawul, fintech, hipotecas |
| Transporte, almacenamiento, comunicaciones | ~7 % | 4,5 % | Despliegue logístico |
| Electricidad, gas, agua | ~3 % | 4,9 % | Ampliaciones de capacidad |
| Otros (minería, agricultura, etc.) | ~12 % | 3-5 % | Mixto |
De aquí se derivan tres observaciones. Primera: el comercio mayorista y minorista, los restaurantes y los hoteles son ya el mayor contribuidor absoluto y el gran sector de más rápido crecimiento, con una expansión del 6,4 % en 2024. Este agregado capta el efecto del turismo —Arabia Saudí recibió 122 millones de visitantes nacionales e internacionales en 2025, con 300.000 millones de riyales (SAR) de gasto turístico—, pero también refleja la expansión de fondo del gasto de los consumidores saudíes a medida que la saudización eleva las rentas de los hogares y sigue aumentando la proporción de mujeres en edad de trabajar dentro de la población activa.
Segunda: los servicios financieros han crecido más que la industria y los servicios públicos cada año desde 2022, que es la señal más limpia en los datos de que la economía se desplaza hacia una actividad de mayor productividad. La combinación de la profundización del mercado hipotecario, la inclusión de Tadawul en los índices internacionales, el auge de las licencias fintech y la expansión de la gestión de activos impulsada por el despliegue del fondo soberano está creando un motor de servicios que no existía de forma significativa en 2016.
Tercera: la construcción, con un crecimiento del 5,5 % en 2024, refleja la cartera de gigaproyectos (NEOM, The Red Sea, Qiddiya, Diriyah, Roshn, el metro de Riad y los estadios del Mundial de 2034). Esto tiene doble filo. La construcción es no petrolera y cuenta para la diversificación, pero su dependencia de la cartera de inversión pública la convierte en el menos diversificado de los motores titulares: es el canal por el que los ingresos del petróleo se reciclan hacia la economía no petrolera. La misión del Artículo IV del FMI ha señalado de forma reiterada este riesgo de concentración.
Los segmentos de crecimiento marginal más rápido —en algunos casos por encima del 15 % anual— se sitúan dentro de las categorías más amplias: el comercio electrónico dentro del comercio minorista, la fintech dentro de los servicios financieros, la hostelería de hoteles y eventos dentro del comercio, y la economía digital en sentido más amplio. Son los candidatos más prometedores para sostener un corredor del 4 % al 5 % a medida que el ciclo de la construcción madure inevitablemente.
Comparación con el PIB petrolero
El contraste entre el PIB no petrolero y el petrolero es lo que convierte la tasa no petrolera en el barómetro más limpio del avance de la Visión 2030. El PIB petrolero oscila con fuerza al ritmo de las decisiones de producción de la OPEP+ y de los precios mundiales del crudo, mientras que el crecimiento no petrolero se ha mantenido en un corredor estrecho al margen de ambos.
| Año | Crecimiento real petrolero | Crecimiento real no petrolero | Diferencia |
|---|---|---|---|
| 2021 | +0,7 % | +5,1 % | +4,4 pp |
| 2022 | +15,4 % | +5,4 % | -10,0 pp |
| 2023 | -9,0 % | +4,6 % | +13,6 pp |
| 2024 | -4,5 % | +4,5 % | +9,0 pp |
| 2025 (est.) | -1,0 % | +4,6 % | +5,6 pp |
En 2022, el crecimiento del PIB petrolero fue del 15,4 % por la escalada de precios tras la invasión rusa de Ucrania y el desmantelamiento de los recortes de la OPEP+; en 2023 y 2024 se contrajo al profundizarse los recortes voluntarios de producción. En esa misma ventana de tres años, el crecimiento no petrolero varió dentro de una banda de 0,9 puntos porcentuales. Esa estabilidad es el dividendo de la diversificación. También explica por qué el PIB general —que combina ambos— parece mucho más volátil que la transformación de fondo: el PIB general de 2024 creció solo un 1,3 % porque el sector petrolero se contrajo, aunque la economía no petrolera se expandía a cuatro veces ese ritmo.
Las implicaciones para Aramco, el PIF y la aritmética fiscal en su conjunto son sustanciales. Cuanto más persista la divergencia, más se desacoplará la base productiva de la economía de las sacudidas del mercado del petróleo, y más podrá contarse la historia de crecimiento de Arabia Saudí sin referencia a los precios del crudo. Ese es todo el sentido de la Visión 2030.
Objetivo de la Visión 2030
El marco de la Visión 2030 articula dos objetivos relacionados pero distintos que dependen del crecimiento no petrolero.
El primero es el peso del PIB no petrolero sobre el total, fijado inicialmente para subir desde una base de mediados de los cuarenta hasta el 65 % en 2030. La información oficial más reciente de la Visión 2030 sitúa las actividades no petroleras en el 55 % del PIB real en 2025. Es un avance claro, pero no es lo mismo que la contribución del sector privado al PIB ni que la composición del PIB nominal o a precios corrientes, y esas cifras no deben fundirse en un único número titular.
El segundo objetivo es el peso del sector privado en el PIB, fijado para subir desde el 40 % de la base de 2016 hasta el 65 % en 2030. Este es estructuralmente el objetivo más difícil, porque exige un despliegue genuino de capital privado, y no solo gasto público canalizado a través de entidades vinculadas al Estado. La cifra de 2025 es del 51 %, frente al 44 % de 2016 —un avance significativo, pero aún por debajo de la meta del 65 % cuando quedan solo cinco años—. El Informe Anual de la Visión Saudí 2030 de 2024 señaló que el 93 % de los KPI cumplieron sus objetivos de 2024, pero la contribución del sector privado es uno de los pocos objetivos titulares en los que la brecha sigue siendo material.
El tercer objetivo relacionado —aunque no siempre se trate como un KPI de la Visión 2030— son los ingresos no petroleros como porcentaje de los ingresos públicos, que es lo que determina si el relato de la diversificación se traduce en sostenibilidad fiscal. Véase Ingresos no petroleros para el seguimiento completo.
Lo que funciona
Tres cambios estructurales son la prueba más sólida de que la expansión no petrolera es duradera y no meramente cíclica.
Primero, la expansión del crédito a los hogares y del mercado hipotecario. El saldo hipotecario creció desde unos 104.000 millones de riyales (SAR) en 2016 hasta más de 700.000 millones en 2024, una expansión de aproximadamente 7 veces que ha sostenido la construcción residencial y ha elevado la capacidad de consumo de los hogares. Fue una opción de política deliberada —la refinanciación del Fondo de Desarrollo Inmobiliario, la Saudi Real Estate Refinance Company (SRC) y el programa de propiedad de vivienda diseñaron en conjunto esta profundización del mercado hipotecario— y ha producido exactamente el crecimiento amplio impulsado por el consumo que la economía no petrolera necesitaba.
Segundo, la formalización del mercado laboral y la saudización. La economía no petrolera ha absorbido millones de nuevas contrataciones netas del sector privado desde 2017, con una tasa de desempleo entre los saudíes que ha caído desde más del 12 % en 2017 hasta el 7,2 % en el 4T2025. Y lo que es crucial: la participación laboral femenina se ha duplicado aproximadamente, desde cerca del 17 % en 2017 hasta alrededor del 35 % en 2025, lo que ha ampliado la base productiva de la economía y ha aumentado a la vez su capacidad de consumo. Véase el seguimiento de la participación laboral femenina para la serie subyacente.
Tercero, las exportaciones no petroleras y la base industrial. Aunque todavía reducidas en términos absolutos, las exportaciones no petroleras —petroquímica, metales básicos, alimentos procesados, electrónica— han crecido a una tasa compuesta superior al 8 % anual desde 2017, impulsadas por el Programa Nacional de Desarrollo Industrial y Logística (NIDLP) y respaldadas por el régimen de SAUDIA EXPORT y el Banco Saudí de Exportación e Importación (Saudi EXIM). Es el segmento con más probabilidades de mejorar realmente la productividad —está expuesto a la competencia mundial y no lo subvenciona el paraguas de precios interno— y representa ya una porción significativa de la producción industrial.
Lo que no funciona
Tres motivos de preocupación merecen igual peso.
Primero, el peso de la construcción es demasiado alto. Aproximadamente una cuarta parte del crecimiento no petrolero posterior a 2021 ha procedido de la construcción y el sector inmobiliario en conjunto. Ambos dependen en gran medida de la cartera de gigaproyectos y del andamiaje de la política hipotecaria. A medida que la construcción madure y la cartera marginal se reduzca hacia las fechas de entrega de 2030, esta contribución se desvanecerá y, en ausencia de un motor que la sustituya, la tasa titular no petrolera podría comprimirse hacia el 3 % a finales de la década de 2020.
Segundo, las ganancias de productividad no petrolera han sido limitadas. La mayor parte del crecimiento no petrolero ha procedido del aumento del factor trabajo —más trabajadores, más horas, mayor participación femenina— y no de la producción por trabajador. El informe del personal técnico del Artículo IV del FMI de 2025 lo señaló de forma explícita, al advertir de que el endurecimiento del margen fiscal acabará limitando el modelo de crecimiento basado en el aumento del factor trabajo si la productividad no da alcance. Un corredor de crecimiento no petrolero del 4 % al 5 % que dependa por entero de la expansión del trabajo es estructuralmente frágil.
Tercero, la exposición indirecta al petróleo es mayor de lo que sugiere el titular. El FMI estima que una variación del 10 % en el precio del petróleo corresponde a una variación de aproximadamente el 0,5 % en el PIB del sector no petrolero, mediada a través del gasto fiscal, el despliegue del PIF y los canales de confianza del consumidor. La economía no petrolera no está desacoplada del petróleo; está débilmente correlacionada con él. Esto importa porque el precio del petróleo de 2025 (~65 dólares por barril de media) se sitúa muy por debajo del precio de equilibrio fiscal saudí (~94 dólares en 2025, con una caída prevista a ~88 dólares en 2026), lo que significa que el colchón fiscal que ha sostenido el crecimiento no petrolero entre 2021 y 2024 se está adelgazando.
Riesgos
La superficie de riesgo para sostener un crecimiento no petrolero del 4 % al 5 % hasta 2030 tiene cuatro componentes principales.
Persistencia del precio del petróleo por debajo de 70 dólares. A los precios actuales del petróleo, el déficit fiscal se amplía hasta cerca del 5 % del PIB en 2025 y se mantiene en torno al 4 % en 2026. La respuesta saudí ha sido apoyarse en el endeudamiento —el presupuesto de 2026 prevé unos 57.000 millones de dólares de nuevo endeudamiento frente a un déficit de 44.000 millones de dólares—, pero unos precios bajos sostenidos forzarían recortes de gasto más profundos (que frenarían el crecimiento no petrolero impulsado por la construcción) o un mayor apalancamiento (que eleva los costes del servicio de la deuda soberana). Cualquiera de las dos vías reduce el margen de maniobra.
Riesgo de ejecución de los gigaproyectos. El ciclo de entrega de 2030 de NEOM, Qiddiya, The Red Sea y Diriyah exige tanto la finalización de la infraestructura física como una economía de inquilinos y visitantes exitosa tras la apertura. Un desliz en cualquiera de las dos dimensiones reduce antes la contribución del ciclo de construcción y después la contribución de los ingresos operativos.
Restricciones de capacidad del mercado laboral. Los requisitos de saudización, cuando se fijan por encima de la capacidad de absorción de sectores concretos, generan fricciones que frenan la contratación en lugar de sustituir a trabajadores extranjeros por nacionales. La actual tasa de desempleo entre los saudíes, en torno al 7 %, se acerca al límite inferior de lo estructuralmente alcanzable sin una inversión significativa en productividad, y la ampliación adicional de la población activa dependerá de las ganancias de participación femenina y del flujo demográfico, más que de rápidas caídas del desempleo.
Disrupción geopolítica. La inestabilidad regional —incluidos los brotes periódicos de tensión en torno al estrecho de Ormuz, las tensiones relacionadas con Yemen y las dinámicas de seguridad más amplias de Oriente Próximo— afecta tanto a las llegadas turísticas como al coste de capital para la IED. Las evaluaciones de riesgo país de Allianz Trade y Coface de 2025 señalaron el riesgo geopolítico como un factor estructuralmente elevado que se superpone al relato macroeconómico saudí.
Perspectivas para 2030
Sostener un crecimiento no petrolero del 4 % al 5 % hasta 2030 sigue siendo el escenario de referencia del Vanderbilt Portfolio, con los riesgos ligeramente sesgados a la baja. La cartera de inversión es sustancial —los compromisos totales de proyectos de la Visión 2030 superan ya los 1,3 billones de dólares— y la fase de maduración de los gigaproyectos generará sus propios flujos de ingresos no petroleros a medida que la economía de visitantes e inquilinos empiece a componer.
La composición del crecimiento, sin embargo, probablemente cambiará. La contribución de la construcción se desvanecerá tras la ola de entregas de 2030, y la pregunta para los analistas es si el turismo, los servicios financieros, las exportaciones industriales y la economía digital pueden compensar en conjunto esa desaceleración. Los datos posteriores al rebaseo son ampliamente alentadores en este punto: el crecimiento de los servicios financieros (5,7 %), el del comercio y la hostelería (6,4 %) y el de la electricidad y los servicios públicos (4,9 %) superan ya la tasa titular, que es el patrón necesario para una transición ordenada.
Para el horizonte 2030-2040, el crecimiento sostenido depende de tres cosas que el ciclo actual todavía no ha demostrado por completo: (1) ganancias de productividad medibles, en particular a través de la transformación digital y de los resultados de la reforma educativa que nutren el mercado laboral; (2) una formación genuina de capital privado independiente de los inversores ancla vinculados al Estado; y (3) la maduración de Tadawul y del conjunto de los mercados de capitales hasta convertirse en un centro financiero regional que compita con el DIFC y con Londres por las salidas a bolsa y los mandatos de gestión de activos centrados en la región MENA. El pronóstico central del Vanderbilt Portfolio es un crecimiento no petrolero medio anual del 4,0 % al 5,5 % hasta 2030, con una desaceleración moderada hasta el 3,5 %-4,5 % en la ventana 2030-2035, y con una alta confianza en que el efecto trinquete de la diversificación, una vez establecido, no se revierte.
La cifra titular que conviene vigilar mientras tanto no es el crecimiento no petrolero anual, sino la tasa trimestral ajustada estacionalmente, que sigue el ciclo sin los efectos de base interanuales. Tanto el FMI como GASTAT publican estas series; ambas confirman que la expansión no petrolera pospandémica es el periodo sostenido más largo de crecimiento amplio de la diversificación en la historia económica moderna de Arabia Saudí.
Seguimientos relacionados
El crecimiento del PIB no petrolero es el motor que impulsa simultáneamente múltiples objetivos de la Visión 2030. Genera empleo en el sector privado (tasa de desempleo), crea la base impositiva para la diversificación fiscal (ingresos no petroleros), atrae inversión extranjera (IED entrante) y amplía el papel económico del sector privado (contribución del sector privado al PIB). También respalda resultados sociales: el aumento de las rentas por el empleo no petrolero mejora el bienestar de los hogares (Índice Mundial de la Felicidad), permite la compra de vivienda (tasa de propiedad de vivienda) y financia el gasto discrecional (gasto cultural de los hogares). El NIDLP, el NTP y los programas sectoriales están todos diseñados para sostener y acelerar el crecimiento no petrolero.
Fuentes
Datos primarios: GASTAT, cuentas nacionales trimestrales y rebaseo de mayo de 2025; Consulta del Artículo IV de 2025 del FMI; Perspectivas de Pobreza Macroeconómica de Arabia Saudí del Banco Mundial; Informes Anuales de la Visión Saudí 2030; SAMA, Informes Económicos Trimestrales. Todas las tasas de crecimiento se refieren a la serie rebaseada de GASTAT posterior a 2025, salvo indicación en contrario; las cifras anteriores al rebaseo pueden diferir en 0,2-0,4 puntos porcentuales.