Contexto estratégico
Este análisis de la normalización entre Arabia Saudí e Israel examina una de las cuestiones sin resolver más trascendentales de la geopolítica de Oriente Medio: si el Reino puede alcanzar un acuerdo con Israel preservando a la vez las condiciones sobre el Estado palestino, la legitimidad islámica y sus intereses de seguridad en la Visión 2030. Las implicaciones se extienden mucho más allá de la relación bilateral y abarcan la arquitectura de seguridad regional, el movimiento nacional palestino y el posicionamiento estratégico de las grandes potencias globales.
Los Acuerdos de Abraham de 2020, que normalizaron las relaciones entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Marruecos y Sudán, alteraron de raíz el panorama diplomático. Estos acuerdos demostraron que los Estados árabes podían establecer relaciones formales con Israel sin resolver primero la cuestión palestina, y rompieron un tabú que había limitado la diplomacia regional durante décadas. Los acuerdos se sustentaron en inquietudes de seguridad compartidas respecto a Irán, en las oportunidades comerciales de la tecnología y la innovación israelíes y en los incentivos diplomáticos estadounidenses.
Arabia Saudí, aun apoyando de forma tácita los Acuerdos de Abraham y permitiendo el sobrevuelo israelí de su territorio, declinó sumarse a la primera oleada de normalización. El liderazgo del Reino dejó claro que cualquier normalización exigiría avances sustantivos hacia el Estado palestino y un marco de seguridad integral, una posición que reflejaba tanto la relevancia política interna de la causa palestina como la autoimagen del Reino como custodio del consenso árabe e islámico sobre la cuestión.
La perspectiva de una normalización entre Arabia Saudí e Israel se convirtió en la pieza central de una ambiciosa iniciativa diplomática estadounidense que preveía una arquitectura integral de seguridad regional en la que la normalización saudí-israelí se vinculaba a un acuerdo estratégico de defensa entre Estados Unidos y Arabia Saudí y a una vía hacia el Estado palestino. Esta negociación multicapa avanzaba cuando quedó drásticamente interrumpida por los acontecimientos del 7 de octubre de 2023 y el posterior conflicto de Gaza, que transformaron el entorno político regional.
Dinámica actual
El conflicto de Gaza que estalló en octubre de 2023 ha alterado profundamente la trayectoria de la normalización saudí-israelí. La catástrofe humanitaria en Gaza, la magnitud de las víctimas civiles y el desplazamiento de la población palestina han inflamado el sentimiento público en todo el mundo árabe y musulmán, lo que ha hecho políticamente insostenible una normalización inmediata para Arabia Saudí. El liderazgo del Reino, que debe equilibrar sus intereses estratégicos con su papel de custodio de los lugares más sagrados del islam y su legitimidad en el conjunto del mundo musulmán, ha recalibrado su posición pública para subrayar la centralidad del Estado palestino como condición previa a la normalización.
Sin embargo, la lógica estratégica que impulsó los debates sobre la normalización no ha quedado invalidada por la crisis de Gaza. Los intereses de seguridad de Arabia Saudí frente a Irán, su deseo de garantías formales de defensa de Estados Unidos, su interés en la cooperación nuclear y las oportunidades comerciales de las alianzas tecnológicas israelíes permanecen intactos. La cuestión no es si la normalización sirve a los intereses estratégicos saudíes, sino si pueden crearse las condiciones políticas que permitan al Reino avanzar sin costes internos y regionales inaceptables.
El marco diplomático de la normalización ha evolucionado en respuesta a las circunstancias cambiadas. Arabia Saudí ha insistido en que cualquier acuerdo debe incluir una vía creíble e irreversible hacia el Estado palestino, una posición que representa a la vez un compromiso político genuino y una condición necesaria para la legitimidad interna y regional. La naturaleza de esa vía —ya sea mediante negociaciones directas, reconocimiento internacional o un calendario definido de autodeterminación— sigue siendo objeto de una intensa actividad diplomática.
El papel estadounidense sigue siendo central, pero complicado. La capacidad de Washington de aportar los elementos que Arabia Saudí requiere —incluidas garantías formales de seguridad, cooperación nuclear y concesiones israelíes sobre el Estado palestino— depende tanto de la autoridad del Ejecutivo como de la aprobación del Congreso. La perspectiva de un tratado estratégico de defensa entre Estados Unidos y Arabia Saudí, inspirado en el Artículo 5 de la OTAN, representaría un compromiso extraordinario que exigiría la ratificación del Senado y un respaldo bipartidista.
La política interna israelí añade otra capa de complejidad. La composición del actual Gobierno israelí incluye partidos radicalmente opuestos al Estado palestino, lo que hace políticamente difícil ofrecer las concesiones que exige Arabia Saudí. La cuestión de si el liderazgo israelí aceptaría las contrapartidas necesarias para la normalización saudí —que podrían incluir una congelación de los asentamientos, el reconocimiento de la soberanía palestina y compromisos territoriales— sigue siendo profundamente incierta.
Las reacciones regionales a la normalización serían dispares. Irán consideraría la normalización saudí-israelí un revés estratégico, lo que podría desencadenar una recalibración de su estrategia regional y complicar el acercamiento entre Arabia Saudí e Irán. Catar, Turquía y otros actores regionales con posiciones sobre la cuestión palestina también responderían de formas que afectarían al entorno diplomático más amplio.
Implicaciones para la Visión 2030
La normalización saudí-israelí tendría implicaciones significativas para la Visión 2030 en las dimensiones económica, estratégica y perceptiva. En lo económico, el acceso a los ecosistemas israelíes de tecnología e innovación complementaría la estrategia de diversificación del Reino, en particular en ámbitos como la tecnología agrícola, la gestión del agua, la ciberseguridad y la sanidad. La experiencia de los EAU desde la normalización ha demostrado beneficios comerciales tangibles, con un comercio bilateral en rápido crecimiento y empresas israelíes estableciendo presencia en los mercados del Golfo.
Un acuerdo integral de seguridad con Estados Unidos, vinculado a la normalización, reforzaría de raíz el entorno de seguridad para la ejecución de la Visión 2030. Unas garantías formales de defensa reducirían la prima de riesgo político que los inversores aplican a los activos saudíes y crearían una base más estable para las inversiones en infraestructuras a largo plazo que requiere el programa de transformación.
El componente de cooperación nuclear del paquete de normalización podría ser transformador para la estrategia energética de Arabia Saudí. El acceso a la tecnología nuclear civil estadounidense, bajo un marco de salvaguardias adecuado, respaldaría los planes del Reino de desarrollar capacidad de generación nuclear, lo que reduciría el consumo interno de petróleo para electricidad y liberaría barriles adicionales para la exportación durante el periodo de transición.
Ahora bien, los riesgos de una normalización mal gestionada son igualmente significativos. Un acuerdo percibido como un abandono de los derechos palestinos podría generar una reacción interna que socavara la cohesión social necesaria para el éxito de la Visión 2030. La oposición regional de Irán y otros actores podría introducir nuevos riesgos de inestabilidad. La percepción de que la normalización se compró mediante incentivos estadounidenses, en lugar de a través de una reconciliación regional genuina, podría minar la credibilidad del Reino en el mundo musulmán.
La dimensión turística es especialmente sensible. Los planes de Arabia Saudí de atraer a millones de visitantes musulmanes al año, apoyándose en su custodia de La Meca y Medina, dependen del prestigio del Reino en el mundo musulmán. Un acuerdo de normalización percibido como una traición a los intereses palestinos podría reducir la peregrinación y el turismo religioso procedentes de mercados emisores clave, con consecuencias directas para los objetivos de ingresos de la Visión 2030.
Evaluación de riesgos
Escenario 1: acuerdo integral (probabilidad: 20 %) Se alcanza un acuerdo multilateral que vincula la normalización saudí-israelí a una vía creíble hacia el Estado palestino, a un tratado de defensa entre Estados Unidos y Arabia Saudí y a la cooperación nuclear. Este escenario sería muy positivo para la Visión 2030 si el componente palestino se percibe como genuino, ya que desbloquearía alianzas tecnológicas, garantías de defensa y una mayor confianza de los inversores.
Escenario 2: aplazamiento indefinido (probabilidad: 55 %) Las condiciones políticas necesarias para la normalización siguen ausentes, ya que las secuelas de Gaza, la política interna israelí y las dinámicas políticas estadounidenses impiden un acuerdo. Arabia Saudí mantiene su postura de cobertura estratégica, con una relación informal con Israel mientras retiene el reconocimiento formal. La Visión 2030 avanza sin los beneficios ni los riesgos de la normalización.
Escenario 3: normalización parcial o condicional (probabilidad: 25 %) Se desarrolla un marco provisional que aporta algunos elementos de normalización —como vínculos comerciales ampliados, derechos de sobrevuelo y enlaces diplomáticos— sin un reconocimiento diplomático pleno. Este escenario capta algunos beneficios económicos al tiempo que gestiona los riesgos políticos, y ofrece una vía intermedia para la planificación de la Visión 2030.
Perspectivas
La normalización saudí-israelí sigue siendo una posibilidad transformadora para la posición estratégica del Reino y el entorno operativo de la Visión 2030, pero el calendario se ha alargado de forma notable tras la crisis de Gaza. Los incentivos estructurales para la normalización persisten en ambas partes, pero las condiciones políticas necesarias para un acuerdo requieren una ingeniería diplomática de extraordinaria complejidad y sensibilidad.
Para los planificadores de la Visión 2030, el enfoque prudente es seguir persiguiendo los objetivos de transformación sin apoyarse en la normalización como hipótesis de planificación, al tiempo que se mantiene la disposición institucional y diplomática para capitalizar un acuerdo si las condiciones lo permiten. La cuestión de la normalización debe entenderse como un posible acelerador de la Visión 2030, y no como un requisito previo: el éxito del programa depende de los propios esfuerzos de reforma y del desempeño económico del Reino, con independencia del resultado diplomático.
Entre los indicadores clave figuran la trayectoria del conflicto de Gaza y sus consecuencias humanitarias, la implicación diplomática estadounidense en el marco de normalización, las dinámicas políticas israelíes y la composición de la coalición, y el sentimiento público y clerical saudí sobre las cuestiones palestinas. La custodia del Reino de las Dos Sagradas Mezquitas garantiza que esta cuestión se valore a través de un prisma de legitimidad islámica tanto como de racionalidad estratégica.