El presupuesto de Arabia Saudí para 2026 responde, en esencia, a una pregunta: cómo financia el Reino la Visión 2030 mientras gestiona la volatilidad del ciclo del petróleo. El gasto anual suele oscilar entre 1,1 y 1,3 billones de riyales saudíes (entre 290.000 y 345.000 millones de dólares), lo que convierte al presupuesto nacional en uno de los mayores del mundo emergente. Canaliza la inversión hacia infraestructuras, servicios sociales, diversificación económica y capital humano, al tiempo que equilibra los ingresos petroleros, los impuestos no petroleros, la emisión de deuda y el gasto extrapresupuestario de las entidades vinculadas al Estado.
Estructura de ingresos
Los ingresos públicos proceden de dos grandes fuentes. Los ingresos petroleros, generados a través de los dividendos y cánones de Saudi Aramco, las ventas de crudo del Estado y los impuestos relacionados con el petróleo, aportan aproximadamente el 60 % del total. Los ingresos no petroleros —que incluyen el IVA (la mayor fuente no petrolera por sí sola), el impuesto de sociedades, el zakat, las tasas públicas, los aranceles aduaneros y los rendimientos de las inversiones— aportan en torno al 40 %.
Los ingresos públicos totales se han situado entre 1,1 y 1,3 billones de riyales saudíes en los últimos ejercicios, con una variación determinada sobre todo por las fluctuaciones del precio y el volumen del petróleo. El aumento de los ingresos no petroleros, desde menos de 200.000 millones de riyales en 2015 hasta más de 400.000 millones, constituye uno de los logros fiscales más relevantes de la Visión 2030.
Prioridades de gasto
Las mayores partidas de gasto reflejan las prioridades de desarrollo del Reino. El gasto militar y de seguridad representa aproximadamente el 25 % del presupuesto, en consonancia con el papel del Reino en la seguridad regional. La educación y la formación reciben en torno al 15 %, con lo que se financia un sistema integral que abarca desde la escuela primaria hasta las universidades y los programas de formación profesional.
La sanidad supone aproximadamente el 12 % del presupuesto y sostiene la ampliación y modernización de hospitales, centros de atención primaria y programas de salud pública. Las infraestructuras y el transporte —carreteras, ferrocarriles, aeropuertos y servicios públicos— reciben en torno al 10 %. Los servicios municipales, el agua y los programas medioambientales representan otra parte significativa.
El gasto de capital en los proyectos de la Visión 2030 fluye por múltiples canales, entre ellos las asignaciones presupuestarias directas, las inversiones del PIF y la financiación de proyectos respaldada por el Estado. La inversión total de capital movilizada a través de todos estos canales supera con creces la asignación presupuestaria directa.
Saldo presupuestario
Arabia Saudí ha operado con déficits fiscales moderados en los últimos años, por lo general en una horquilla de entre 50.000 y 100.000 millones de riyales saudíes (entre el 2 % y el 4 % del PIB). El Gobierno ha mostrado su preferencia por mantener el gasto en inversión incluso en periodos de menores ingresos petroleros, y financia los déficits mediante la emisión de deuda soberana en lugar de recortar los proyectos de capital.
En años de precios altos del petróleo, como 2022, cuando el crudo superó los 100 dólares por barril, el presupuesto ha registrado superávits. Estos superávits se han destinado a reconstruir las reservas del SAMA (el banco central saudí), reducir la deuda y asignar financiación adicional a vehículos de inversión estratégicos.
Proceso presupuestario
El Ministerio de Finanzas elabora el presupuesto anual en consulta con los ministerios sectoriales y los organismos de planificación económica. El príncipe heredero y el Consejo de Ministros aprueban el presupuesto definitivo, que suele anunciarse en diciembre para el ejercicio siguiente. Arabia Saudí opera con un ejercicio fiscal de año natural.
Los informes trimestrales de ejecución presupuestaria aportan transparencia sobre la recaudación de ingresos y la ejecución del gasto. El Ministerio de Finanzas ha mejorado notablemente la transparencia fiscal, con la publicación de documentación presupuestaria detallada e indicadores de desempeño accesibles para los inversores y el público.
Reglas fiscales
Arabia Saudí ha desarrollado un marco fiscal informal que persigue el equilibrio presupuestario partiendo de un supuesto de precio del petróleo a medio plazo, permite déficits anticíclicos en los periodos de precios bajos y limita la deuda pública a menos del 30 % del PIB. Aunque no están codificados como reglas fiscales formales en la legislación, estos principios han guiado la práctica presupuestaria reciente.
El Programa de Sostenibilidad Fiscal, uno de los programas de ejecución de la Visión 2030, se centra en mejorar la eficiencia del gasto, ampliar los ingresos no petroleros y reforzar las instituciones fiscales. Entre sus principales logros figuran la introducción y el aumento del IVA, la reforma de las subvenciones a la energía, la aplicación de complementos por coste de la vida para compensar la retirada de subvenciones y el desarrollo de marcos de gasto a medio plazo.
Gasto extrapresupuestario
Una parte significativa de la inversión de la Visión 2030 se produce fuera del presupuesto formal. El programa de inversión del PIF, que abarca gigaproyectos, inversiones en empresas nacionales y asignaciones de cartera internacional, se financia con los ingresos propios del PIF, la venta de activos y el endeudamiento, y no mediante transferencias presupuestarias directas. Ello genera un volumen total de gasto vinculado al Estado sustancialmente mayor que el que sugiere el presupuesto formal.
Las entidades vinculadas al Estado —entre ellas Saudi Aramco, ACWA Power y otras empresas públicas— también invierten un capital considerable al margen del marco presupuestario. Comprender la imagen fiscal completa del Estado saudí exige, por tanto, mirar más allá del presupuesto anual para abarcar estos flujos de inversión más amplios.
Perspectivas
Se prevé que los próximos presupuestos mantengan un gasto en inversión expansivo, al tiempo que mejoran gradualmente el saldo fiscal gracias al crecimiento de los ingresos no petroleros y a la eficiencia del gasto. La disposición del Gobierno a tolerar déficits moderados para financiar la Visión 2030 refleja su confianza en la rentabilidad a largo plazo de la diversificación económica y del desarrollo de infraestructuras.