La proyección del PIB de Arabia Saudí para 2040 se sitúa aproximadamente en la horquilla de 2,0-2,5 billones de dólares si se cumplen los objetivos de la Visión 2030 y los sectores no petroleros mantienen su expansión. A comienzos de 2026, la economía del Reino es la decimoséptima mayor del mundo, la primera de Oriente Medio y Norte de África, y en torno a la mitad de toda la producción del Consejo de Cooperación del Golfo. La cifra principal —unos 1,1 a 1,27 billones de dólares según la metodología y el año de referencia— oculta una historia más interesante: una economía impulsada por los hidrocarburos en plena ejecución del programa de reforma estructural más ambicioso de su historia moderna. Con la Visión 2030, el Reino intenta comprimir en una sola década lo que la mayoría de las economías en diversificación logran a lo largo de generaciones, y la serie del PIB es el lugar más nítido para leer si esa compresión está funcionando.
Esta entrada recorre las cifras principales, el reparto entre petróleo y no petróleo, la composición sectorial, las comparativas per cápita, la evolución macroeconómica a lo largo de 2024-2026, los principales riesgos y la senda hacia los objetivos de la Visión 2030.
Cifras principales del PIB
La base de 2024 depende en gran medida del conjunto de datos que se utilice. La serie de PIB nominal del Banco Mundial situaba a Arabia Saudí en torno a 1,07 billones de dólares en 2024 con la metodología anterior. En mayo de 2025, la Autoridad General de Estadística (GASTAT) publicó una revisión integral y un cambio de base de las cuentas nacionales que elevó el nivel nominal en torno a un 14 % y mejoró la cobertura de los servicios, la actividad digital y la producción del sector informal, infravalorados en versiones anteriores. Con la serie rebasada, el PIB nominal de 2024 se acercó más a 1,22 billones de dólares.
El crecimiento real de 2024 fue negativo, en torno al -0,8 %, casi por completo a causa de la contención de la producción de la OPEP+. La producción de crudo promedió unos 9,0 millones de barriles diarios durante el año, muy por debajo de la capacidad instalada del Reino, de unos 12 millones, lo que supuso que el valor añadido real del sector petrolero se contrajera con fuerza incluso mientras la economía no petrolera se expandía en torno a un 4,3 %. La desconexión entre el dato principal y el comportamiento no petrolero es una de las señales más nítidas de que la diversificación, a nivel de actividad, empieza a notarse.
2025 fue el año de inflexión. Según el dato anual de la GASTAT, el PIB real creció un 4,5 %, con las actividades petroleras al alza un 5,7 % y las no petroleras un 4,9 %. Las lecturas trimestrales fueron subiendo a lo largo del año: 3,4 % en el primer trimestre, acelerando hasta cerca del 3,9 % en el segundo, 4,8 % en el tercero y 5,0 % en el cuarto, el registro trimestral más sólido desde el rebote pospandemia de 2022. El PIB nominal del año alcanzó unos 1,27 billones de dólares. La recuperación se apoyó a la vez en la reversión gradual de los recortes de la OPEP+, que empezó a devolver barriles al mercado a partir de abril de 2025, y en el gasto de capital sostenido asociado a los gigaproyectos y a la infraestructura.
La consulta del Artículo IV de 2025 del FMI, concluida por el Directorio Ejecutivo el 28 de julio de 2025, proyecta un crecimiento real de entre el 3,6 % y el 4,0 % para 2025 y de entre el 3,9 % y el 4,6 % para 2026, según la senda de producción. El Fondo revisó después su previsión para 2026 hasta el 4,5 % en la actualización de sus Perspectivas de la Economía Mundial (WEO), aludiendo tanto a un impulso no petrolero más rápido de lo esperado como a la retirada de los recortes voluntarios de la OPEP+. Según los datos del WEO del FMI, se prevé que el PIB nominal alcance unos 1,39 billones de dólares en 2026 en la serie rebasada.
Petróleo frente a no petróleo
El reparto entre petróleo y no petróleo es la descomposición más importante de las cuentas nacionales saudíes, y es el indicador del que depende la supervivencia de la Visión 2030. Ese reparto encierra, además, más matices de los que sugieren los porcentajes principales.
En la serie rebasada de 2024, las actividades petroleras —definidas en sentido estricto como la extracción de crudo y la producción de gas natural— aportaron en torno al 23 % del PIB real. Si se suman el refino, la petroquímica y el transporte y la logística vinculados al petróleo, el complejo de hidrocarburos en sentido amplio se acerca al 35-40 % del PIB nominal. La cifra más estrecha del 23 % es la que se cita con más frecuencia en los informes de la GASTAT y el FMI, porque recoge el segmento más directamente expuesto a las decisiones de cuotas de la OPEP+ y a la volatilidad del Brent.
Las actividades no petroleras representaron el 77 % restante según la definición estrecha, repartido entre el sector privado no petrolero (servicios financieros, inmobiliario, comercio minorista, industria, construcción, turismo, TIC), en torno al 55-57 %, y los servicios públicos no petroleros, en torno al 20-22 %. La cuota privada no petrolera ha sido el componente de más rápido crecimiento desde 2017, y el seguimiento del crecimiento del PIB no petrolero muestra la trayectoria: un crecimiento real medio anual del 4,5 % al 5 % entre 2022 y 2025, muy por encima de la media del 2,5 % de la década 2010-2019.
La asimetría entre los ciclos petrolero y no petrolero se ha convertido en un rasgo definitorio de la macroeconomía saudí. En 2023, el PIB petrolero real se contrajo en torno a un 9 % por los recortes de la OPEP+, mientras que el PIB real no petrolero creció un 4,6 %: una brecha de casi 14 puntos porcentuales. En 2025 la relación se invirtió: el PIB petrolero creció un 5,7 % gracias a la reversión de la producción, mientras que el no petrolero avanzó un 4,9 %. Para el impacto del precio del petróleo en el conjunto de la economía, la consecuencia práctica es que la cifra principal del PIB se ha vuelto una lectura menos fiable de la demanda interna de lo que era hace una década. Los mercados miran ahora primero los registros no petroleros para calibrar la actividad subyacente.
El objetivo numérico de la Visión 2030 —el PIB no petrolero en el 65 % del PIB total para 2030— está, en la serie rebasada, prácticamente cumplido según cómo se clasifique la industria vinculada al petróleo. El objetivo operativo más relevante es sostener el crecimiento real no petrolero en el 5 % o por encima durante el resto de la década, al tiempo que se eleva la cuota no petrolera de los ingresos fiscales, que sigue siendo el reto más difícil.
Composición sectorial
Dentro de la economía no petrolera, la composición sectorial en 2025 es, a grandes rasgos, la siguiente. Estas cuotas son aproximadas y difieren en 1 o 2 puntos porcentuales entre las presentaciones del FMI, la GASTAT y el Banco Mundial.
Industria manufacturera
La industria manufacturera es el mayor sector no petrolero y no gubernamental, con en torno al 13-14 % del PIB, sostenido por la petroquímica (SABIC, Sipchem, Advanced Petrochemical), los metales básicos (Hadeed, Ma’aden) y un clúster de automoción y maquinaria industrial de rápido crecimiento vinculado a la Estrategia Industrial Nacional. El sector creció un 6,2 % en términos reales en 2025, reflejo tanto de efectos de base como de la nueva capacidad que entra en funcionamiento en NEOM, Ras Al-Khair y el corredor industrial de la Provincia Oriental.
Comercio mayorista y minorista
El comercio mayorista y minorista, la restauración y la hostelería suponen en torno al 10-11 % del PIB, impulsados en 2025 por unas entradas turísticas récord y por la fortaleza sostenida del consumo interno. Solo el turismo religioso aportó unos 30.000 millones de dólares en actividad directa, y el gasto turístico en sentido amplio superó los 90.000 millones de dólares al incluir las categorías de ocio, negocios y entretenimiento. La cuota ha subido con fuerza desde 2019, cuando el turismo rondaba el 3 % del PIB.
Servicios públicos
Los servicios públicos aportaron en torno al 12 % del PIB nominal en 2025. La categoría incluye la administración pública, la defensa, la educación y la sanidad pública, medidas a coste. La cuota se ha mantenido en general estable durante la Visión 2030 pese a la aceleración del crecimiento del sector privado, reflejo tanto de la continuada expansión fiscal como de la reclasificación de parte de la antigua actividad gubernamental hacia entidades comercializadas como NEOM Co. y la Comisión Real para la Ciudad de Riad.
Finanzas, seguros e inmobiliario
Los servicios financieros, los seguros y el inmobiliario aportan en conjunto en torno al 11-12 % del PIB. El sector bancario saudí, supervisado por SAMA, mantenía a finales de 2025 unos activos consolidados superiores a 4,5 billones de riyales y registró una rentabilidad sobre recursos propios superior al 13 %. La bolsa Tadawul es la mayor de Oriente Medio y Norte de África por capitalización de mercado, y solo Saudi Aramco concentra la mayor parte del valor cotizado. El inmobiliario se ha visto impulsado por la construcción de los gigaproyectos y por el programa de vivienda Sakani, con una propiedad de vivienda que alcanza en torno al 65 % de los hogares saudíes.
Construcción
La construcción supone en torno al 6-7 % del PIB y es uno de los sectores más sensibles al ciclo. Las carteras de proyectos en marcha de NEOM, The Line, Diriyah, Qiddiya y el Mar Rojo superan el billón de dólares en compromisos de capital anunciados. El crecimiento del sector en 2025 fue de en torno al 5,5 % en términos reales, y el riesgo de ejecución sigue siendo el principal factor de oscilación para la segunda mitad de la década.
Transporte, almacenamiento y TIC
El transporte y el almacenamiento aportan en torno al 6 % del PIB y crecen con rapidez gracias a la ampliación de flota de Saudia y flynas, a la puesta en marcha del metro de Riad y a la inversión logística asociada a la ambición de Arabia Saudí de convertirse en un centro logístico global. Las tecnologías de la información y la comunicación suman en torno al 4-5 % del PIB, y la economía digital en sentido amplio supera ya el 14 % del PIB no petrolero, según las estimaciones de la Comisión de Comunicaciones, Espacio y Tecnología.
Agricultura, pesca y minería
La minería no petrolera y la agricultura son componentes menores, con en torno al 3 % combinado, aunque la minería está llamada a un notable salto de escala en el marco de la Estrategia Nacional de Minerales, a medida que el Reino desarrolla su riqueza mineral, estimada en 2,5 billones de dólares.
Renta per cápita y comparativas
Con una población residente de unos 36,4 millones a mediados de 2025 —muy por encima de los 32 millones de 2020, impulsada sobre todo por la entrada de expatriados—, el PIB nominal per cápita de Arabia Saudí ronda los 32.000 a 35.000 dólares según la versión del PIB. En la serie rebasada, el PIB nominal per cápita de 2025 se sitúa en torno a los 35.000 dólares.
Ajustado por la paridad de poder adquisitivo, el PIB per cápita es sensiblemente mayor. La serie de PPA más reciente del Banco Mundial sitúa a Arabia Saudí en torno a 71.000 dólares per cápita en dólares internacionales de 2024, lo que coloca al Reino por encima de Italia, Japón y Reino Unido en términos de PPA y, en líneas generales, a la altura de las economías de la franja superior de la OCDE. La cifra en PPA refleja mejor el nivel de vida, dada la energía subvencionada, la ausencia de impuesto sobre la renta de las personas físicas y el menor coste de la vivienda en muchas zonas del país.
Dentro del CCG, Arabia Saudí es la mayor economía en términos absolutos, pero no la más rica per cápita. Catar (con un PIB nominal per cápita de unos 75.000 dólares) y los EAU (unos 53.000) encabezan la comparativa per cápita gracias a sus poblaciones más reducidas en relación con su dotación de hidrocarburos. La comparativa del PIB no petrolero del CCG es la referencia más relevante a efectos de la Visión 2030: en ese indicador, Arabia Saudí lleva recortando distancias con los EAU desde 2020 y se prevé que supere el PIB no petrolero per cápita emiratí hacia 2032 si se mantienen las trayectorias actuales.
A escala mundial, Arabia Saudí ocupa el puesto 17 por PIB nominal, entre Indonesia y Suiza, tras ascender desde el 19 en 2020. El Reino es con holgura la mayor economía del mundo árabe y supera el PIB combinado de los EAU (unos 580.000 millones de dólares), Catar (unos 230.000 millones) y Kuwait (unos 165.000 millones). Entre los comparables regionales más amplios, Turquía se sitúa en torno a 1,34 billones de dólares (algo por encima de Arabia Saudí en términos nominales, pero por debajo en PPA) e Irán en unos 410.000 millones.
Novedades recientes 2024-2026
La ventana 2024-2026 es la más decisiva de la historia macroeconómica de la Visión 2030 hasta la fecha. Varios hilos distintos avanzan en paralelo.
La reversión de la OPEP+ y la recuperación del sector petrolero
El recorte voluntario de producción de 1 millón de barriles diarios que Arabia Saudí mantuvo desde julio de 2023 se prorrogó por fases hasta el primer trimestre de 2025 y después se revirtió por tramos a partir de abril de 2025. Para el cuarto trimestre de 2025, la producción saudí de crudo había vuelto a unos 9,7 millones de barriles diarios, y el Reino va camino de elevar la producción hasta unos 10,0-10,2 millones de barriles diarios en 2026. La reversión fue el principal motor del crecimiento del 5,7 % del PIB petrolero en 2025 y se espera que sume en torno a 1,0-1,5 puntos porcentuales al crecimiento principal en 2026.
Expansión fiscal y los presupuestos de 2025-2026
El presupuesto de 2025, aprobado en noviembre de 2024, proyectaba un gasto total de 1,285 billones de riyales frente a unos ingresos de 1,184 billones de riyales y un déficit estimado de 101.000 millones de riyales (en torno al 2,3 % del PIB). La ejecución real de 2025 fue sensiblemente mayor por ambos lados. El gasto se acercó a 1,39 billones de riyales a medida que se aceleraba la inversión de capital de la Visión 2030, mientras que los ingresos se situaron en torno a 1,18 billones de riyales. El déficit efectivo de 2025 fue de unos 277.000 millones de riyales, en torno al 5,6 % del PIB —más amplio de lo presupuestado, pero financiado por completo mediante emisión de deuda e instrumentos de mercado de capitales, sin recurrir a las reservas del Estado—. El presupuesto de 2026 mantiene el sesgo expansivo, con un gasto previsto de 1,31 billones de riyales y un déficit proyectado de unos 102.000 millones de riyales.
Emisión de deuda y el aumento de la deuda pública
Los déficits más amplios han impulsado una expansión deliberada de la deuda pública. La ratio de deuda del Gobierno central sobre el PIB subió desde en torno al 26 % a finales de 2024 hasta cerca del 32 % a finales de 2025, y el FMI prevé que alcance el 35-40 % en 2028 antes de estabilizarse. La trayectoria es cómoda para los estándares globales —Arabia Saudí conserva la calificación A o A+ de las grandes agencias—, pero supone un cambio estructural respecto a la posición de deuda neta cercana a cero de hace una década. El Centro Nacional de Gestión de la Deuda ha diversificado activamente la combinación de emisiones, con sukuk en moneda local, eurobonos en dólares e instrumentos verdes y vinculados a la sostenibilidad.
Las reservas de SAMA y la cuenta corriente
El Banco Central Saudí (SAMA) declaró unos activos exteriores netos de en torno a 415.000 millones de dólares a finales de 2024, equivalentes a unos 15 meses de importaciones y al 187 % de la métrica de suficiencia de reservas del FMI. Las reservas descendieron de forma moderada a lo largo de 2025 a medida que la cuenta corriente pasaba de un superávit del 2,9 % del PIB en 2023 a un déficit del 0,5 % del PIB en 2024 y a un déficit más amplio, estimado en el 2,0-2,5 % del PIB en 2025. El FMI prevé que el déficit por cuenta corriente toque techo en torno al 3,9 % del PIB en 2027 antes de estrecharse hasta cerca del 3,4 % en 2030, a medida que la demanda de importaciones de la Visión 2030 se normalice y los ingresos por turismo sigan creciendo. El déficit es, en esencia, un fenómeno impulsado por la inversión —el elevado componente importador de la inversión de capital de los gigaproyectos— y no una erosión de la competitividad arrastrada por el consumo, que es la lectura que el FMI ha señalado como apropiada.
La estabilidad del riyal
La vinculación del riyal saudí al dólar estadounidense en 3,75 SAR por dólar se mantiene intacta desde 1986 y sigue siendo un ancla fundamental de la política macroeconómica. Las presiones en el mercado al contado durante el desplome del petróleo de 2014-2016 y, de nuevo brevemente, en 2020 no exigieron un reajuste formal, y el colchón de reservas de SAMA defiende la paridad con holgura. La estrategia de financiación de la Visión 2030 presupone la continuidad de la paridad, que es la visión de consenso del mercado al menos hasta el final de la década.
Riesgos y desafíos
Los principales riesgos para la trayectoria del PIB están bastante bien identificados y los han expuesto de forma reiterada el FMI, los analistas de mercado y las propias autoridades saudíes.
Volatilidad del precio del petróleo
Un precio del Brent sostenido por debajo de los 60 dólares por barril ampliaría de forma significativa los déficits fiscales, frenaría el ritmo de ejecución de los gigaproyectos y lastraría el PIB real del sector petrolero. El FMI estimó el precio del petróleo de equilibrio fiscal de 2025 en torno a 92 dólares por barril, sensiblemente por encima de la horquilla de 80 a 85 dólares citada un año antes, reflejo tanto del mayor gasto como de la reciente reversión de la OPEP+. Arabia Saudí conserva un margen fiscal considerable para absorber un episodio de precios bajos, pero un escenario de precios bajos plurianual obligaría a tomar decisiones sobre la secuenciación de los gigaproyectos.
Riesgo de ejecución de los gigaproyectos
El compromiso de capital combinado de NEOM, The Line, Qiddiya, el Mar Rojo, Diriyah y los programas adyacentes supera el billón de dólares. Incluso un deslizamiento parcial de la ejecución reduciría la contribución del sector de la construcción al PIB, alargaría la senda hacia los objetivos de la Visión 2030 y complicaría la aritmética fiscal. Las declaraciones públicas de altos cargos saudíes a finales de 2024 y en 2025 reconocieron que algunos calendarios de los gigaproyectos se están recalibrando, y que el alcance de entrega de la primera fase de NEOM se habría ajustado a la baja. La senda de crecimiento efectiva hasta 2030 será sensible a cómo se traslade esta reprogramación.
Fricciones demográficas y del mercado laboral
El crecimiento demográfico impulsado por la entrada de expatriados ha superado las previsiones, elevando el PIB nominal, pero comprimiendo las cifras per cápita. La tasa de desempleo saudí cayó a un mínimo histórico del 7,0 % en el tercer trimestre de 2025, pero la participación laboral femenina —pese a su fuerte subida, del 17 % en 2017 a alrededor del 36 % en 2025— sigue siendo un factor de oscilación de la Visión 2030. Un aumento sostenido del PIB per cápita exige un crecimiento continuado de la productividad y una ampliación paralela de la participación laboral.
Choques geopolíticos y regionales
La evolución de la seguridad regional —Yemen, Irán, los efectos de contagio del conflicto entre Israel y Gaza— sigue siendo un riesgo de cola. Los mercados de seguros, las rutas marítimas por el mar Rojo y el Golfo, y los flujos turísticos están todos expuestos. El Reino ha buscado activamente la distensión, incluidos el restablecimiento diplomático entre Irán y Arabia Saudí en 2023 y el compromiso continuado con el dossier de Yemen, pero la exposición residual no puede eliminarse.
Riesgo de la transición climática
La demanda de crudo saudí a largo plazo es la cuestión macroeconómica existencial. El escenario de cero emisiones netas de la AIE implica que la demanda mundial de petróleo toca techo antes de 2030 y desciende después; los propios escenarios de Arabia Saudí son más optimistas y proyectan un crecimiento continuado de la demanda hasta bien entrada la década de 2030. La estrategia del Reino consiste en ser el barril de menor coste que quede en pie mientras diversifica sus fuentes de ingresos: un plan creíble, pero con horizontes temporales largos y una notable intensidad de capital.
Perspectivas hacia 2030
El objetivo de PIB de la Visión 2030 —una producción nominal total de 1,5 a 1,8 billones de dólares para 2030— está ahora al alcance en la mayoría de los escenarios razonables. En la serie rebasada de la GASTAT, el Reino entra en 2026 en torno a 1,27-1,39 billones de dólares. Para alcanzar el límite inferior del objetivo, el PIB nominal debe crecer a una tasa compuesta de en torno al 3-4 % anual hasta 2030, un ritmo holgadamente por debajo del crecimiento real proyectado por el FMI, del 3,5 % al 4,5 %, y que presupone una inflación solo moderada y precios del Brent en la horquilla de 70 a 80 dólares. El límite superior —1,8 billones de dólares— exige a la vez un crecimiento real más rápido y precios del petróleo más altos, pero sigue siendo coherente con las previsiones de consenso.
Más allá de 2030, las proyecciones a más largo plazo del FMI, el Banco Mundial, Bloomberg y Goldman Sachs convergen en que el PIB saudí alcanzará entre 2,0 y 2,5 billones de dólares para 2040, sobre la base de un crecimiento real sostenido del 4-5 %, una expansión continuada de lo no petrolero hasta el 70 % del PIB y una transición gestionada del sector petrolero. Por esta senda, la posición relativa del Reino se situaría probablemente entre las 12 y 14 mayores economías del mundo, superando a los Países Bajos y acercándose al tamaño de Corea del Sur o Australia.
El veredicto estructural es que la trayectoria del PIB saudí está hoy menos supeditada a los precios del petróleo que en ningún momento de los últimos cuarenta años, pero aún no se ha desacoplado. Un crecimiento real no petrolero por encima del 5 % es ya un rasgo constante de la expansión posterior a 2022. El margen fiscal, aunque más estrecho que en 2014, sigue siendo considerable. Las reservas y la paridad del riyal aportan anclas macroeconómicas creíbles. Lo que queda es la ejecución: en los gigaproyectos, en la reforma del mercado laboral, en el giro de la combinación fiscal hacia los ingresos no petroleros y en sortear la transición climática sin sacrificar el flujo de caja de los hidrocarburos que financia la propia diversificación. Los próximos cuatro años determinarán si la Visión 2030 alcanza sus objetivos o se asienta en una transformación meritoria pero parcial.
Referencias externas
- FMI: consulta del Artículo IV de 2025 sobre Arabia Saudí, comunicado de prensa e informe técnico
- GASTAT: la economía saudí registra un crecimiento del 4,5 % en 2025
- Banco Mundial: PIB (dólares corrientes) — Arabia Saudí
- Ministerio de Finanzas saudí: declaración presupuestaria del ejercicio 2026
- Reuters: cobertura del PIB saudí