Arabia Saudí y México son grandes naciones productoras de petróleo y miembros del G20, con economías en distintas etapas de transformación. La profunda integración de México en la cadena de suministro manufacturera de América del Norte contrasta con la diversificación económica dirigida por el Estado de Arabia Saudí. Ambos afrontan el reto de reducir la dependencia del petróleo, aunque desde posiciones de partida muy distintas y con enfoques estratégicos diferentes.
PIB y escala económica
El PIB nominal de México, de aproximadamente 1,8 billones de dólares, supera los 1,1 billones de Arabia Saudí, lo que lo convierte en la segunda mayor economía de América Latina y la duodécima del mundo. Sin embargo, la población de México, de 130 millones, arroja un PIB per cápita de aproximadamente 13.800 dólares, muy por debajo de los 32.000 de Arabia Saudí.
El crecimiento económico de México ha sido moderado, con una media anual del 2-3 %, lastrado por los retos de seguridad, los déficits de infraestructuras y una incertidumbre política periódica. El programa de inversión impulsado por la Visión 2030 de Arabia Saudí ha generado un crecimiento más dinámico en los últimos años, en particular en los sectores no petroleros.
Población y demografía
La población de México, de 130 millones, casi cuadruplica los 33 millones de Arabia Saudí. El perfil demográfico de México se caracteriza por una amplia población en edad de trabajar que abastece de mano de obra tanto a la manufactura nacional como, históricamente, a Estados Unidos a través de la migración. La proximidad geográfica de México al mercado estadounidense es su ventaja económica estructural más importante.
La población de Arabia Saudí es menor, pero se beneficia de un mayor poder adquisitivo por habitante y de una cultura de consumo en rápida expansión, impulsada por la liberalización social y el desarrollo del sector del entretenimiento. Ambas naciones afrontan el reto de crear suficiente empleo de calidad para unas poblaciones jóvenes.
Producción de petróleo y energía
La capacidad de producción de petróleo de Arabia Saudí, superior a 12 millones de barriles diarios, y sus reservas de 267.000 millones de barriles superan con creces la producción de México, de aproximadamente 1,7 millones de barriles diarios, y sus 6.000 millones de barriles de reservas. El sector petrolero de México, gestionado a través de la estatal Pemex, ha experimentado décadas de producción menguante en los maduros campos de Cantarell y Ku-Maloob-Zaap. Pemex arrastra una deuda de más de 100.000 millones de dólares, lo que la convierte en una de las petroleras más endeudadas del mundo.
La reforma energética de México de 2013-2014, que abrió el sector a la inversión privada y extranjera, fue revertida en parte por las administraciones posteriores. Saudi Aramco, por el contrario, ha mantenido una eficiencia operativa de primer nivel mundial y ha ampliado su cartera de refino e internacional. El contraste en el desempeño de las petroleras nacionales es uno de los más marcados de la industria petrolera mundial.
Diversificación económica
La economía de México está considerablemente diversificada más allá del petróleo. La industria manufacturera representa aproximadamente el 17 % del PIB, con la producción de automóviles (México es el séptimo mayor fabricante de vehículos del mundo), la aeronáutica, la electrónica y los dispositivos médicos como sectores competitivos a escala global. La competitividad manufacturera de México se ve reforzada por los tratados de libre comercio (el T-MEC), unos costes laborales bajos en comparación con Estados Unidos y Canadá, y la proximidad geográfica al mayor mercado de consumo del mundo.
La diversificación de Arabia Saudí es más reciente e intensiva en capital. Las inversiones de la Visión 2030 en turismo, entretenimiento, tecnología y fabricación de material de defensa aspiran a construir nuevos sectores que México desarrolló a lo largo de décadas de política industrial e integración comercial. El nearshoring del Reino, que acerca capacidad manufacturera para servir a la región MENA, refleja el nearshoring de México para abastecer a América del Norte.
Riqueza soberana
El PIF de Arabia Saudí gestiona más de 930.000 millones de dólares. México no mantiene un fondo soberano comparable. El Fondo de Estabilización de los Ingresos Petroleros de México se ha ido agotando de forma reiterada en episodios de tensión fiscal y conserva unos activos mínimos. La posición fiscal de México, caracterizada por una deuda pública moderada pero unos escasos colchones de ahorro, contrasta con la sustancial riqueza soberana y las bajas ratios de deuda de Arabia Saudí.
Comercio e integración
La integración comercial de México es extraordinaria. El comercio total supera el 75 % del PIB, con más del 80 % dirigido a Estados Unidos. El T-MEC ofrece un acceso preferente al mercado y una alineación regulatoria que ha convertido a México en una plataforma manufacturera para las cadenas de suministro de América del Norte.
El comercio de Arabia Saudí está menos integrado en un único bloque, pero se beneficia de la coordinación económica del CCG y de un comercio creciente con Asia. Los esfuerzos del Reino por atraer sedes regionales y desarrollarse como polo logístico reflejan la ambición de integrarse más profundamente en las redes comerciales globales.
Relaciones bilaterales
Los lazos económicos bilaterales entre Arabia Saudí y México son relativamente modestos. Arabia Saudí suministra petróleo a México en periodos de déficit de producción interna, y la inversión cruzada es limitada. Ambas naciones interactúan en el marco del G20 y de la OPEP+. La controvertida participación de México en los acuerdos de recorte de producción de la OPEP+ ha generado en ocasiones fricciones, ya que México se ha resistido a reducciones proporcionales de su producción.
Implicaciones para la inversión
México ofrece a los inversores acceso a las cadenas de suministro de América del Norte, un amplio mercado interno y una manufactura competitiva en costes. Arabia Saudí ofrece una fortaleza fiscal respaldada por el petróleo, un impulso de crecimiento transformador y acceso al mercado MENA. Ambos mercados presentan factores de riesgo propios de los mercados emergentes, pero de distinto tipo: los riesgos de México se centran en la incertidumbre política, la seguridad y la dependencia de Estados Unidos, mientras que los de Arabia Saudí se relacionan con la exposición al precio del petróleo y la ejecución de las reformas. Los inversores orientados a la manufactura pueden preferir la consolidada base industrial de México, mientras que los inversores en grandes proyectos de capital y servicios pueden encontrar más atractiva la cartera de proyectos de Arabia Saudí.