La sostenibilidad fiscal saudí: análisis presupuestario de la Visión 2030
Este análisis presupuestario de la sostenibilidad fiscal saudí examina si el gasto de la Visión 2030 puede mantenerse en el tiempo a medida que los precios del petróleo, los volúmenes de la OPEP+, los déficits y la deuda evolucionan en contra del plan.
La posición fiscal de Arabia Saudí presenta una paradoja de fortaleza y vulnerabilidad. Por un lado, el Reino posee activos que la mayoría de los países envidiaría: unos 400.000 millones de dólares en reservas del banco central, un fondo soberano que se aproxima al billón de dólares, la producción de petróleo de menor coste del mundo, sólidas calificaciones crediticias y una ratio de deuda sobre PIB de aproximadamente el 26 %. Por otro lado, Arabia Saudí afronta un precio del petróleo de equilibrio fiscal al alza (en torno a 90-96 dólares por barril), unos compromisos de gasto crecientes derivados de los gigaproyectos y los programas sociales, y un mercado del petróleo que afronta una incertidumbre estructural por la transición energética mundial.
La cuestión no es si Arabia Saudí afronta una crisis fiscal inminente —manifiestamente no la afronta—, sino si su trayectoria de gasto actual es sostenible a medio y largo plazo, y qué ajustes podrían ser necesarios si los precios del petróleo no acompañan.
El panorama de los ingresos
Los ingresos del Gobierno saudí siguen dominados por el petróleo, aunque los ingresos no petroleros han crecido de forma sustancial:
| Fuente de ingresos | 2016 | 2020 | 2025 (est.) | Cuota del total |
|---|---|---|---|---|
| Ingresos del petróleo | 334.000 mill. SAR | 413.000 mill. SAR | 620.000 mill. SAR | ~62 % |
| Ingresos no petroleros | 186.000 mill. SAR | 265.000 mill. SAR | 380.000 mill. SAR | ~38 % |
| Ingresos totales | 520.000 mill. SAR | 678.000 mill. SAR | 1.000.000 mill. SAR | 100 % |
El crecimiento de los ingresos no petroleros se ha visto impulsado sobre todo por el IVA (introducido al 5 % en 2018 y elevado al 15 % en 2020), los impuestos especiales sobre el tabaco y las bebidas azucaradas, las tasas por servicios públicos y los rendimientos de las inversiones estatales. Solo la subida del IVA añadió unos 100.000 millones de SAR en ingresos anuales, un logro significativo que demostró la capacidad del Estado para implantar nuevos instrumentos tributarios.
No obstante, los ingresos no petroleros siguen siendo insuficientes para cubrir el gasto público sin los ingresos del petróleo. Incluso con 380.000 millones de SAR, los ingresos no petroleros cubren menos del 35 % del gasto público total.
La trayectoria del gasto
El gasto público ha crecido de forma sustancial bajo la Visión 2030, impulsado por varias categorías:
El gasto corriente —salarios del sector público, subvenciones, sanidad, educación, defensa— constituye la mayor parte del presupuesto y es relativamente rígido. Solo los salarios del sector público representan aproximadamente el 45 % del gasto corriente. Aunque la reforma de las subvenciones ha reducido el coste de las subvenciones a la energía y el agua, el Gobierno ha aumentado al mismo tiempo los programas de apoyo social (la Cuenta Ciudadana, las subvenciones a la vivienda) que compensan en parte ese ahorro.
El gasto de capital —infraestructura, gigaproyectos, desarrollo económico— ha crecido con fuerza. El gasto de capital de Arabia Saudí como porcentaje del PIB figura entre los más altos del mundo, reflejo de la intensidad de la inversión de la Visión 2030.
El gasto en defensa —históricamente entre el 5 % y el 7 % del PIB— sigue siendo un compromiso fiscal significativo, impulsado por las dinámicas de seguridad regional, incluidas las secuelas del conflicto de Yemen y las preocupaciones de seguridad más amplias del Golfo.
El gasto social —incluido el programa de la Cuenta Ciudadana, que proporciona transferencias directas de efectivo para compensar el impacto del IVA y de la reforma de las subvenciones— ha creado nuevos compromisos de gasto políticamente difíciles de reducir.
El precio del petróleo de equilibrio fiscal
El precio del petróleo de equilibrio fiscal se ha convertido en el indicador más importante para valorar la sostenibilidad fiscal saudí. Este precio —el precio del petróleo necesario para equilibrar el presupuesto público— ha subido de unos 70 dólares por barril en 2019 a unos 90-96 dólares por barril estimados en 2025-2026.
El alza del precio de equilibrio refleja la combinación de un mayor gasto (gigaproyectos, programas sociales, inversión de capital) y los recortes de producción de la OPEP+ que reducen el volumen de ingresos del petróleo. Cuando Arabia Saudí recorta la producción para sostener los precios, reduce los ingresos basados en el volumen a la vez que sostiene los basados en el precio, una disyuntiva que eleva el precio de equilibrio.
Con los precios del petróleo vigentes de 70-85 dólares por barril durante buena parte de 2024-2025, Arabia Saudí ha operado por debajo de su equilibrio fiscal, lo que ha generado déficits presupuestarios.
Trayectoria del déficit y la deuda
Arabia Saudí registró déficits presupuestarios tanto en 2024 como en 2025, con un déficit de 2025 estimado en torno al 3-4 % del PIB. Estos déficits se han financiado mediante una combinación de:
Emisión de deuda. Arabia Saudí ha emitido activamente bonos soberanos tanto en el mercado nacional como en el internacional. La deuda pública total ha pasado de aproximadamente el 1,6 % del PIB en 2014 a alrededor del 26 % en 2025. Aunque este nivel sigue siendo bajo según los estándares internacionales, la trayectoria es ascendente.
Reducción de reservas. Las reservas exteriores del banco central han descendido de forma moderada desde sus máximos, aunque siguen siendo cuantiosas, en torno a los 400.000 millones de dólares.
Operaciones del PIF. Las transferencias de activos entre el PIF y el Gobierno, incluidos los flujos de dividendos de Aramco, crean una flexibilidad fiscal que el análisis presupuestario convencional no capta del todo.
La trayectoria de la deuda, aunque hoy es manejable, es la variable crítica para la sostenibilidad fiscal a largo plazo. Cada año de gasto deficitario incrementa el volumen de deuda, eleva los costes por intereses y reduce la flexibilidad fiscal.
Escenarios de prueba de estrés
Una evaluación rigurosa de la sostenibilidad fiscal exige someterla a pruebas de estrés frente a distintos escenarios de precios del petróleo:
Escenario 1: petróleo a 85-95 $ (cerca del equilibrio). Presupuesto aproximadamente equilibrado. La deuda se estabiliza. El gasto de la Visión 2030 avanza según lo previsto. Es el supuesto de base que sustenta los planes fiscales actuales.
Escenario 2: petróleo a 70-80 $ (estrés moderado). Déficits anuales del 3-5 % del PIB. La deuda sube al 35-40 % del PIB para 2030. Se aplaza parte del gasto en gigaproyectos. Se reduce el gasto de capital no crítico. Manejable con los amortiguadores existentes, pero exige disciplina de gasto.
Escenario 3: petróleo a 55-65 $ (estrés significativo). Déficits anuales del 6-8 % del PIB. La deuda sube con rapidez hacia el 50 % del PIB. Se requieren aplazamientos importantes de gigaproyectos. El gasto social bajo presión. Posibles rebajas de la calificación crediticia. Exige una reordenación de prioridades de fondo de la inversión de la Visión 2030.
Escenario 4: petróleo a 40-50 $ (estrés severo). Déficits insostenibles sin recortes drásticos del gasto. Gigaproyectos paralizados o reducidos drásticamente. Programas de bienestar social amenazados. Se acelera el agotamiento de las reservas. Se requiere un ajuste fiscal estructural, que podría incluir la introducción del impuesto sobre la renta de las personas físicas, una nueva subida del IVA o recortes profundos del gasto.
| Escenario | Precio del petróleo | Déficit anual | Deuda/PIB 2030 | Impacto en el programa |
|---|---|---|---|---|
| Base | 85-95 $ | ~Equilibrado | ~28 % | Programa completo |
| Estrés moderado | 70-80 $ | 3-5 % del PIB | ~38 % | Aplazamientos selectivos |
| Estrés significativo | 55-65 $ | 6-8 % del PIB | ~50 % | Reordenación de prioridades importante |
| Estrés severo | 40-50 $ | 10 %+ del PIB | ~65 %+ | Programa en riesgo |
Los amortiguadores fiscales y sus límites
Arabia Saudí posee amortiguadores fiscales sustanciales que le aportan resiliencia frente a los choques de precios del petróleo:
Las reservas del banco central (unos 400.000 millones de dólares) podrían cubrir aproximadamente entre tres y cuatro años de déficits presupuestarios en el nivel del escenario de estrés moderado antes de alcanzar niveles que preocuparan a los mercados internacionales.
Los activos del PIF (unos 941.000 millones de dólares) representan una riqueza enorme, pero una parte significativa es ilíquida (la participación en Aramco, las inversiones en gigaproyectos, el capital privado) y no puede monetizarse con facilidad para cubrir déficits presupuestarios.
La capacidad de endeudamiento sigue siendo sustancial. Las calificaciones crediticias de Arabia Saudí (Fitch A+, Moody’s A1) respaldan un acceso continuado a los mercados internacionales de capital a tipos competitivos. En teoría, el Reino podría sostener ratios de deuda sobre PIB del 40-50 % antes de encontrar resistencia del mercado, lo que proporciona un margen de aproximadamente 15 a 25 puntos porcentuales por encima de los niveles actuales.
La elasticidad de los ingresos no petroleros aporta cierta estabilización automática: la recaudación del IVA, por ejemplo, depende menos del petróleo de lo que sugieren las cifras de ingresos globales, lo que establece un suelo para los ingresos públicos.
No obstante, estos amortiguadores son finitos y agotables. Utilizar las reservas para financiar déficits supone consumir riqueza nacional. Emitir deuda genera obligaciones futuras. Y los activos del PIF, aunque cuantiosos, cumplen un doble propósito (rentabilidad financiera e inversión en desarrollo) que limita su disponibilidad como red de seguridad fiscal.
El imperativo de los ingresos no petroleros
La sostenibilidad fiscal a largo plazo depende, en última instancia, de aumentar los ingresos no petroleros hasta un nivel que cubra una mayor proporción del gasto público. Se dispone de varias palancas:
Ajuste del IVA. El tipo actual del 15 % podría, en teoría, elevarse aún más, aunque sería políticamente delicado y potencialmente contractivo. Comparación regional: los Emiratos Árabes Unidos introdujeron el IVA al 5 % y aún no lo han subido.
Impuesto sobre la renta de las personas físicas. La introducción de un impuesto sobre la renta de los nacionales saudíes es la reforma fiscal potencial más trascendental y la más delicada políticamente. Ningún Estado del Golfo ha introducido un impuesto sobre la renta de las personas físicas, y hacerlo representaría un cambio de fondo en el contrato social. No obstante, como medida de sostenibilidad fiscal a largo plazo, podría llegar a ser necesario.
Reforma del impuesto de sociedades. El tipo actual del impuesto de sociedades del 20 % se aplica a las empresas de capital extranjero, mientras que las empresas de capital saudí pagan el zakat, del 2,5 %. Armonizar estos tipos —posiblemente en un tipo combinado más bajo— podría aumentar la recaudación por el impuesto de sociedades a la vez que reduce la distorsión entre el trato a las empresas nacionales y extranjeras.
Monetización de activos públicos. La privatización, las salidas a bolsa de entidades públicas y la venta de suelo pueden generar ingresos puntuales a la vez que mejoran la eficiencia económica. La salida a bolsa de Aramco demostró este enfoque a gran escala.
Ingresos por tasas y servicios. La expansión continuada de las tasas por servicios públicos, los cargos por visados y las tasas a los usuarios puede contribuir de forma incremental a los ingresos no petroleros.
Opciones de ajuste del gasto
Si los ingresos resultan insuficientes, el ajuste del gasto se vuelve necesario. Las opciones van desde lo políticamente fácil hasta lo políticamente doloroso:
Escalonar los gigaproyectos: ampliar los plazos y reducir el gasto a corto plazo en NEOM, Qiddiya y otros macrodesarrollos. Es la primera respuesta más probable a la presión fiscal y podría decirse que ya ha comenzado.
Aplazar el gasto de capital: retrasar la inversión en infraestructura no esencial. Eficaz para el alivio fiscal a corto plazo, pero reduce la capacidad económica a largo plazo.
Reformar el gasto en defensa: reducir el gasto militar es teóricamente posible, pero está condicionado por las dinámicas de seguridad regional y las consideraciones políticas.
Contención salarial en el sector público: limitar el crecimiento salarial de los empleados públicos. Ya se ha aplicado en cierta medida, pero afronta la resistencia de un colectivo laboral que constituye una base política clave.
Recortar programas sociales: reducir las transferencias de la Cuenta Ciudadana u otras ayudas sociales. Es la opción políticamente más costosa y, con toda probabilidad, un último recurso.
La perspectiva del FMI
Las consultas del Artículo IV del FMI con Arabia Saudí han señalado de forma reiterada la sostenibilidad fiscal como un riesgo clave. Las recomendaciones del Fondo suelen incluir:
- Continuar la diversificación de los ingresos no petroleros.
- Contener el gasto, en particular el gasto corriente.
- Un marco fiscal a medio plazo que fije como objetivo el equilibrio presupuestario con supuestos conservadores de precio del petróleo.
- Mayor transparencia en la información fiscal, incluido el gasto fuera de presupuesto a través del PIF.
Estas recomendaciones son sensatas en principio, pero políticamente difíciles de aplicar por completo. La tensión entre la disciplina fiscal al estilo del FMI y el imperativo político de materializar las inversiones transformadoras de la Visión 2030 es inherente y no puede resolverse del todo, solo gestionarse.
Conclusión
La posición fiscal de Arabia Saudí es sólida según la mayoría de los parámetros convencionales, pero afronta una presión emergente por el aumento de los compromisos de gasto, los elevados precios del petróleo de equilibrio y la incertidumbre estructural sobre la demanda futura de petróleo. El Reino no afronta una crisis fiscal, y sus amortiguadores le aportan años de resiliencia frente a los escenarios adversos. Pero la trayectoria de gasto actual solo es sostenible si los precios del petróleo se mantienen cerca o por encima de los 85-90 dólares por barril, una condición plausible pero no segura.
El rumbo prudente —que la política fiscal saudí parece seguir de forma parcial pero incompleta— pasa por acelerar el crecimiento de los ingresos no petroleros, priorizar las inversiones de la Visión 2030 de mayor rentabilidad, aceptar plazos más lentos para los gigaproyectos de menor prioridad y mantener la disciplina de deuda que preserva el sólido acceso del Reino a los mercados.
La prueba fiscal de la Visión 2030 no es si el programa puede financiarse a los precios actuales del petróleo —puede—, sino si puede sobrevivir y adaptarse si los precios del petróleo caen de forma sustancial y permanecen bajos. La respuesta a esa pregunta determinará si las inversiones de la Visión 2030 se convierten en activos autosostenibles o en gastos varados.
Este análisis refleja datos disponibles públicamente hasta febrero de 2026 y representa la opinión analítica independiente de The Vanderbilt Portfolio. No constituye asesoramiento de inversión.