La evolución del contrato social saudí
La evolución del contrato social saudí bajo la Visión 2030 arranca con un giro que se aleja del viejo pacto financiado por el petróleo: empleo público, subvenciones, vivienda, sanidad y educación a cambio de lealtad política y conformidad social. Aquel arreglo sostuvo al Reino a lo largo de los ciclos del petróleo, los conflictos regionales y los relevos generacionales.
La Visión 2030 está renegociando este contrato de raíz. Los nuevos términos, aún por escribir, piden a la ciudadanía que asuma una mayor responsabilidad económica (menos subvenciones, empleo en el sector privado, impuesto sobre el valor añadido) a cambio de un conjunto distinto de beneficios: libertad social, ocio, riqueza cultural, conectividad global y la promesa de una economía diversificada que genere oportunidades por mérito y no por clientelismo. Es la transformación social de mayor calado en la historia moderna de Arabia Saudí, y su éxito no está garantizado.
El viejo contrato: qué era
Entender el viejo contrato social exige apreciar su carácter integral. Los ciudadanos saudíes —y el término «ciudadano» es importante, porque el contrato excluía explícitamente a la mano de obra extranjera, que constituía un tercio de la población— recibían:
- Empleo en el sector público, prácticamente garantizado para los titulados universitarios. Los puestos en la Administración ofrecían salarios más altos, jornadas más cortas y seguridad de por vida.
- Subvenciones a la energía que convertían la gasolina, la electricidad y el agua en algunas de las más baratas del mundo. Llenar el depósito de gasolina costaba menos que una botella de agua en un supermercado europeo.
- Educación gratuita hasta la universidad, incluidas becas para estudiar en el extranjero (el Programa de Becas Rey Abdalá envió a más de 200.000 saudíes fuera del país).
- Sanidad gratuita a través del sistema del Ministerio de Sanidad y de las instalaciones médicas militares.
- Concesiones de suelo y ayudas a la vivienda que permitían acceder a la propiedad por debajo del precio de mercado.
- Sin impuesto sobre la renta. Los ciudadanos saudíes no pagaron ningún tipo de tributación directa hasta que se introdujo el IVA en 2018.
A cambio, el Estado esperaba lealtad política (ninguna oposición organizada, ningún partido político independiente, ninguna crítica de fondo al liderazgo), conformidad social (adhesión a las normas religiosas conservadoras, vigiladas por la policía religiosa) y la aceptación de la autoridad de la familia real como legítima y permanente.
Este contrato se financiaba íntegramente con los ingresos del petróleo. No exigía productividad económica a la ciudadanía, no creaba incentivos para desarrollar una carrera en el sector privado y priorizaba de forma explícita la estabilidad social sobre la eficiencia económica.
La transición: qué cambió
La Visión 2030 comenzó a desmantelar este contrato casi de inmediato, mediante una serie de cambios de política cuyo impacto individual fue significativo y cuyo efecto acumulado es transformador:
Reforma de las subvenciones. Los precios de la energía se han elevado de forma sustancial, con incrementos de más del 100 % en la gasolina y una reestructuración de las tarifas eléctricas. Aunque los precios siguen por debajo de los niveles internacionales, la era de la energía casi gratuita está tocando a su fin. Los precios del agua han subido de forma similar.
Fiscalidad. El IVA se introdujo al 5 % en 2018 y se triplicó hasta el 15 % en 2020. Para una población que nunca había pagado una tributación directa, esto supuso un cambio psicológicamente significativo: por primera vez, el Estado retiraba dinero a la ciudadanía en lugar de dárselo.
Contención del sector público. La contratación en la Administración se ha ralentizado de forma sustancial, y se dirige cada vez más a los nacionales saudíes hacia el empleo en el sector privado. La era del empleo público garantizado está terminando, aunque esta transición se gestiona de forma gradual para evitar una ruptura brusca.
Liberalización social. Esta es la oferta compensatoria del nuevo contrato. Los cines abrieron en 2018 tras 35 años de prohibición. Las mujeres obtuvieron el derecho a conducir. La policía religiosa (mutawa) perdió sus competencias de vigilancia. El ocio mixto se normalizó. Llegaron a gran escala los conciertos internacionales, los eventos deportivos y la programación cultural. El sistema de tutela masculina se reformó de forma sustancial, otorgando a las mujeres una mayor autonomía jurídica.
Relato nacional. La Visión 2030 ofreció una nueva fuente de orgullo nacional: Arabia Saudí como una nación moderna, ambiciosa y conectada globalmente, y no como un reino petrolero replegado sobre sí mismo. Los gigaproyectos, las inversiones deportivas y los programas culturales cumplen todos esa función de relato.
El nuevo contrato: qué es
El contrato social emergente puede caracterizarse así:
Por parte del Estado: libertad social, ocio y riqueza cultural, inversión en infraestructuras, oportunidad de empleo (aunque no empleo garantizado), ayudas a la vivienda (aunque no vivienda gratuita), sanidad (a través de modelos de aseguramiento en evolución) y un relato de transformación y orgullo nacional.
Por parte de la ciudadanía: participación económica (empleo en el sector privado, emprendimiento), cumplimiento fiscal, aceptación de menos subvenciones, desarrollo de competencias y —el elemento que no cambia— lealtad política al liderazgo que impulsa la transformación.
La dimensión política del contrato ha evolucionado en la forma, pero no en el fondo. La ciudadanía ha ganado libertades sociales, pero no libertades políticas. No hay ningún movimiento hacia una gobernanza representativa, la libertad de prensa o la oposición política. El pacto implícito es que la ampliación de la libertad personal compensa la restricción política persistente, una compensación que parece ampliamente aceptada por la población saudí, en particular por la franja joven que constituye la mayoría del país.
La opinión pública: leyendo las señales
Medir la opinión pública saudí es intrínsecamente difícil dada la ausencia de medios libres, encuestas independientes y oposición política. Los indicadores disponibles sugieren lo siguiente:
Amplio respaldo a la liberalización social. La asistencia a eventos de ocio, las aperturas de cines y los conciertos apuntan a una acogida entusiasta de la apertura social. La rápida incorporación de las mujeres al mercado laboral revela una demanda latente que la política simplemente desbloqueó.
Inquietud ante la transición económica. Las encuestas a la juventud saudí identifican de forma reiterada el empleo como su principal preocupación. El paso del empleo público garantizado a un mercado laboral privado competitivo genera una incertidumbre que la apertura cultural y de ocio no logra disipar del todo.
Orgullo por la transformación nacional. Los gigaproyectos, las inversiones deportivas y el reconocimiento internacional generan un orgullo genuino. Las redes sociales saudíes reflejan una población que se siente satisfecha del perfil global del Reino, en contraste con la actitud defensiva de décadas anteriores.
Brecha generacional. Los saudíes de más edad, que vivieron el generoso contrato social anterior a 2016, pueden contemplar la transición con más ambivalencia que los más jóvenes, que no han conocido otra cosa. El sesgo juvenil de la población (un 63 % menor de 35 años) hace que la base social del nuevo contrato sea numéricamente dominante.
Riesgos en la transición
La transición del contrato social conlleva varios riesgos que conviene vigilar:
Expectativas desbordadas. La Visión 2030 ha elevado las expectativas de calidad del empleo, estilo de vida y oportunidades por encima de lo que la economía puede ofrecer a corto plazo. Una generación a la que se le dice que vivirá en una sociedad moderna y rica en oportunidades puede frustrarse si el empleo sigue regido por cuotas, los salarios se estancan o el acceso a la vivienda se deteriora.
Liberalización social sin liberalización política. La combinación de libertad personal y restricción política es habitual en los Estados autoritarios en proceso de modernización, pero contiene una tensión inherente. Una ciudadanía acostumbrada a elegir su ocio, sus viajes y su estilo de vida puede acabar preguntándose por qué no puede elegir su gobernanza. Se trata de un riesgo a largo plazo más que inmediato, pero está estructuralmente presente.
Reacción de los conservadores religiosos. El rápido ritmo del cambio social ha marginado al establishment religioso que antes era central en la gobernanza saudí. Aunque la policía religiosa ha sido desarmada y las normas sociales conservadoras se han relajado, el electorado conservador no ha desaparecido: ha sido silenciado más que persuadido. Que ello dé lugar a un arreglo duradero o a un muelle comprimido depende de si la prosperidad económica ofrece compensación suficiente al cambio cultural.
Desigualdad y disparidad regional. Los beneficios de la Visión 2030 se concentran en Riad, Yeda y la Provincia Oriental. Las regiones periféricas —Asir, Yazán, Nayrán y las zonas rurales— han recibido menos inversión y menos oportunidades. Si el nuevo contrato social beneficia sobre todo a los saudíes urbanos y con formación, el descontento regional podría emerger como factor político.
Desencanto juvenil. La juventud saudí es el núcleo de la base social del programa. Si el mercado laboral no logra absorberla de forma productiva —no solo en puestos de cuota, sino en carreras con sentido—, el desencanto podría ser rápido y políticamente relevante. Las redes sociales ofrecen una plataforma para expresar la insatisfacción que no existía en generaciones anteriores.
La dimensión femenina
La transformación de la posición social de la mujer es el elemento más espectacular del nuevo contrato social. Las mujeres saudíes han ganado:
- El derecho legal a conducir
- La reducción de las restricciones de tutela
- El acceso al mercado laboral en la mayoría de los sectores
- La participación en el ocio y la cultura
- Una mayor autonomía jurídica en materia de familia, viajes y negocios
Esta transformación es a la vez genuina e incompleta. Las mujeres siguen afrontando barreras estructurales en la promoción profesional, la igualdad salarial y las expectativas sociales. Pero la dirección del cambio es inequívoca y parece irreversible: una generación de saudíes que hoy trabaja, conduce y participa en la vida pública no aceptará un retorno a las restricciones anteriores.
La sostenibilidad del nuevo contrato
La sostenibilidad del nuevo contrato social depende de varias condiciones:
Cumplimiento económico. El contrato promete implícitamente que la reducción de las prestaciones del Estado del bienestar se compensará con oportunidades económicas. Si la oportunidad se materializa, el contrato es sostenible. Si no, el Estado se enfrentará a la presión de restaurar las prestaciones (algo fiscalmente insostenible) o de aceptar un descontento público creciente.
Ocio y cultura. La dimensión de la liberalización social tiene un coste relativamente bajo y se sostiene por sí sola: una vez normalizados los cines, los conciertos y la socialización mixta, generan su propio ecosistema comercial. Es el elemento más sostenible del nuevo contrato.
Capacidad fiscal. La capacidad del Estado para mantener incluso unas prestaciones reducidas depende de los ingresos del petróleo y del crecimiento de los ingresos no petroleros. La tensión fiscal obligaría a elegir entre inversión y bienestar, algo que podría poner a prueba el contrato social.
Estabilidad política. El nuevo contrato está estrechamente asociado al príncipe heredero. Su sostenibilidad a lo largo de cualquier futura transición política está por comprobar. Institucionalizar las reformas —incrustándolas en la ley, la regulación y la práctica burocrática, en lugar de en la autoridad personal— mejoraría su durabilidad.
Conclusión: una obra en marcha
Arabia Saudí se encuentra a mitad de camino de la renegociación del contrato social más ambiciosa del Oriente Próximo moderno. El viejo contrato —bienestar a cambio de quietud— era fiscalmente insostenible y socialmente asfixiante. El nuevo contrato —oportunidad y libertad a cambio de participación económica y lealtad política continuada— es más dinámico, pero más exigente tanto para el Estado como para la ciudadanía.
La transición se ha gestionado con notable rapidez y una disrupción social relativamente escasa, un testimonio de la capacidad de ejecución del liderazgo y de la adaptabilidad de la población. Pero lo más difícil está por llegar. Construir cines fue más fácil que construir carreras profesionales. Abrir restaurantes fue más fácil que abrir empresas productivas. La sostenibilidad última del contrato social no depende del ocio, sino del empleo: de si la economía es capaz de generar los puestos de trabajo dignos y bien remunerados que exige una población joven, formada y con nuevas expectativas.
Este análisis refleja los datos públicos disponibles hasta febrero de 2026 y representa la opinión analítica independiente de The Vanderbilt Portfolio. No constituye asesoramiento de inversión.