Los KPI de la Visión 2030: credibilidad y retos de medición
Los responsables saudíes citan con frecuencia la cifra de que el 93 % de los indicadores clave de desempeño (KPI) de la Visión 2030 están «en marcha», un dato de titular que sugiere un programa que funciona casi a la perfección. Para una transformación nacional de esta escala y ambición, semejante tasa de éxito sería extraordinaria. También sería históricamente inédita: ningún programa comparable de transformación nacional ha logrado nada parecido a un 93 % de cumplimiento de sus KPI.
Esto no significa que la cifra sea falsa. Pero sí que merece escrutinio. La credibilidad de las métricas de desempeño de la Visión 2030 importa, no solo por rigor académico, sino para las decisiones de inversión, los ajustes de política y la rendición de cuentas ante la ciudadanía. Cuando las métricas gozan de confianza, permiten tomar mejores decisiones. Cuando se ponen en duda, erosionan la confianza en el propio programa que se supone que deben supervisar.
El marco de KPI
La Visión 2030 opera a través de trece Programas de Realización de la Visión (VRP), cada uno con su propio conjunto de KPI. El número total de indicadores objeto de seguimiento supuestamente supera los 400, aunque la lista completa nunca se ha hecho pública. Lo que sí está disponible públicamente incluye:
- KPI de titular seleccionados y publicados en los informes anuales de progreso
- Métricas sectoriales difundidas a través de las comunicaciones de cada programa
- Estadísticas publicadas por GASTAT (Autoridad General de Estadística) y otros organismos estadísticos nacionales
- Clasificaciones internacionales que sirven de validación externa
La ausencia de la lista completa de KPI es en sí misma un reto de transparencia. Sin conocer todos los indicadores, los observadores externos no pueden evaluar de forma independiente si la cifra del 93 % es exacta, qué mide o cómo se define «en marcha».
Cuestiones de definición
La expresión «en marcha» admite múltiples interpretaciones:
Objetivo ya alcanzado. Algunos KPI se han cumplido antes de lo previsto: la participación laboral femenina por encima del 30 % es el ejemplo más destacado.
Avanzando actualmente a un ritmo compatible con alcanzar el objetivo de 2030. Es la interpretación más común, pero requiere supuestos sobre la trayectoria futura que pueden materializarse o no.
Dentro de un rango aceptable respecto a la trayectoria objetivo. Si el rango aceptable es generoso —por ejemplo, dentro del 80 % del ritmo requerido—, muchos más KPI se consideran «en marcha» que si el rango es estricto.
Avanzando en la dirección correcta. La interpretación más laxa: cualquier movimiento positivo cuenta como «en marcha», con independencia del ritmo.
Sin la publicación de la metodología empleada para clasificar los KPI como «en marcha», la evaluación externa es necesariamente especulativa.
Métricas de actividad frente a métricas de resultado
Una distinción fundamental en la medición del desempeño es la que separa las métricas de actividad (que miden la acción) de las métricas de resultado (que miden el impacto). El marco de KPI de la Visión 2030 parece incluir ambas, pero hay indicios de que las métricas de actividad pueden estar sobrerrepresentadas:
Ejemplos de actividad:
- Número de reformas regulatorias aprobadas
- Número de visados de turista emitidos
- Número de viviendas construidas
- Número de eventos de ocio celebrados
- Número de licencias de actividad concedidas
Ejemplos de resultado:
- Crecimiento del PIB atribuible al sector privado no petrolero
- Productividad por trabajador saudí en el empleo privado
- Gasto turístico por visitante
- La IED como porcentaje del PIB
- Contribución de las pymes al PIB
Las métricas de actividad son más fáciles de alcanzar porque miden la acción del gobierno y no el impacto económico. Un gobierno puede emitir más licencias, celebrar más eventos y construir más viviendas solo con esfuerzo administrativo. Alcanzar métricas de resultado exige que esas actividades se traduzcan en un cambio económico genuino, una prueba más difícil que depende de la respuesta del mercado, de cambios de comportamiento y de transformaciones económicas estructurales.
Si la cifra del 93 % está ponderada hacia las métricas de actividad, puede exagerar el progreso real de la transformación.
Evaluación de la transparencia de datos
La infraestructura estadística de Arabia Saudí ha mejorado de forma sustancial, pero la transparencia sigue siendo desigual entre ámbitos:
Transparencia sólida:
- Los datos macroeconómicos (PIB, inflación, comercio) publicados por GASTAT y el banco central cumplen los estándares internacionales
- Las estadísticas del mercado laboral se publican trimestralmente con una granularidad razonable
- Los datos de los mercados de capitales, a través de Tadawul y la CMA, son exhaustivos
- Los datos de producción y exportación de energía son detallados y puntuales
Transparencia moderada:
- Los datos presupuestarios del gobierno se publican, pero con escaso detalle a nivel de programa
- Las estadísticas de turismo han mejorado, pero persisten dudas metodológicas
- Los datos de resultados educativos están disponibles, pero no plenamente comparados a escala internacional
Transparencia limitada:
- Los datos de desempeño y rentabilidad de las inversiones del PIF
- Las métricas de gasto y avance de los gigaproyectos
- El seguimiento detallado de los KPI a nivel de VRP
- El análisis de la composición y la calidad de la IED
- La descomposición del PIB no petrolero (impulsado por el gobierno frente al impulsado por el sector privado)
Los ámbitos de transparencia limitada son precisamente los más críticos para evaluar el progreso real de la Visión 2030. Sin datos detallados de desempeño del PIF, no puede evaluarse la rentabilidad real del capital invertido del fondo soberano, una preocupación que exploramos con mayor detalle en nuestra crítica de la estrategia del PIF. Sin datos de coste y calendario de los gigaproyectos, no puede evaluarse de forma independiente el desempeño de ejecución.
Comparación internacional
Comparación de la transparencia de KPI de Arabia Saudí con otros programas de transformación nacional:
La planificación económica de Singapur implica un amplio reporte público, una evaluación independiente de políticas a través del Instituto de Estudios Políticos, escrutinio parlamentario y una prensa libre que interroga las afirmaciones del gobierno. Arabia Saudí carece de estos mecanismos institucionales.
La Visión 2021 de los EAU (ahora sucedida por el Centenario 2071) publicó informes de KPI más detallados, con comparaciones de objetivo frente a real en todos los indicadores. El enfoque de los EAU, aunque imperfecto, ofrecía mayor granularidad que el reporte actual de Arabia Saudí.
El Undécimo Plan de Malasia incluía cuadros de mando públicos de desempeño con seguimiento detallado por indicador. Think tanks independientes aportaron evaluación externa.
La Visión 2050 de Ruanda publica informes de progreso detallados con datos de objetivo frente a real para cientos de indicadores, pese a ser un gobierno con muchos menos recursos.
El reporte de Arabia Saudí no es ni el más ni el menos transparente entre programas comparables, pero su escala y su nivel de inversión justifican, cabe argumentar, estándares de transparencia más altos que los que ofrece actualmente.
La afirmación del 93 %: evaluación de plausibilidad
¿Es plausible un 93 % en marcha? Examinando los KPI individuales para los que hay datos públicos disponibles:
Claramente en marcha o superados:
- Participación laboral femenina (36 % frente al objetivo del 30 %)
- Trayectoria de crecimiento del turismo
- Ejecución del programa de vivienda
- Desarrollo del sector del ocio
- Número de reformas regulatorias
- Clasificación en administración electrónica
- Avance en la tasa de propiedad de vivienda
Discutiblemente en marcha, pero con matices:
- Desempleo (7,7 % frente al objetivo del 7 %: cerca, pero con dudas de calidad)
- Cuota del PIB no petrolero (creciendo, pero el objetivo puede incumplirse)
- Activos gestionados del PIF (en trayectoria, pero dependiente de Aramco)
Claramente por detrás del objetivo:
- La IED como cuota del PIB (~2,8 % frente al objetivo del 5,7 %)
- Contribución de las pymes al PIB (~28 % frente al objetivo del 35 %)
- Cuota del sector privado en el PIB (creciendo, pero despacio)
Esta evaluación informal sugiere que una mayoría de los KPI probablemente avanza de forma positiva, lo que es coherente con un porcentaje alto de «en marcha», sobre todo si la definición incluye objetivos cuyo progreso es direccionalmente positivo pero que quizá no alcancen plenamente la meta de 2030. Una cifra del 70-80 % en marcha sería más conservadora; el 93 % parece optimista salvo que la definición sea generosa.
¿Cómo sería una mejor medición?
La crítica constructiva exige proponer alternativas. Una medición creíble de la Visión 2030 incluiría:
Publicación completa de los KPI. Difundir la lista completa de KPI con sus valores actuales, objetivos y trayectorias. Es la práctica habitual en los programas nacionales de desarrollo y permitiría una evaluación independiente.
Divulgación de la metodología. Publicar los criterios para clasificar los KPI como «en marcha», incluidos el rango de desviación aceptable, el cálculo de la trayectoria y el proceso de revisión.
Auditoría independiente. Encargar una evaluación externa del progreso de los KPI a un organismo independiente: una consultora internacional, una institución académica o una oficina de evaluación dedicada. Varios países (entre ellos Singapur y Chile) recurren a oficinas de evaluación independientes para valorar sus programas nacionales.
Ponderación por resultados. Aumentar el peso de las métricas de resultado frente a las de actividad en el reporte agregado del progreso. Una reforma aprobada pero no aplicada no debería contar igual que una reforma que ha mejorado de forma demostrable las condiciones de negocio.
Reporte público periódico. Pasar de los anuncios puntuales de progreso a cuadros de mando públicos periódicos (trimestrales o semestrales) que permitan seguir las tendencias.
Datos desagregados. Ofrecer desgloses regionales, sectoriales y demográficos que revelen la distribución del progreso. Las medias nacionales pueden ocultar una variación significativa de la experiencia real.
Lo que está en juego
La credibilidad de los KPI importa porque afecta a:
Las decisiones de inversión. Los inversores internacionales que asignan capital a Arabia Saudí se apoyan en las métricas oficiales de progreso para evaluar la trayectoria del programa. Si las métricas exageran el progreso, las decisiones de inversión pueden calibrarse mal.
El ajuste de política. Una medición precisa permite corregir el rumbo. Si las métricas sugieren un 93 % de éxito, el incentivo político para ajustar el rumbo es mínimo. Si la cifra real es menor, la necesidad de ajuste es mayor.
La confianza pública. La ciudadanía saudí es la última destinataria de la Visión 2030. Su confianza en el programa depende en parte de si las afirmaciones oficiales coinciden con su experiencia vivida. Una tasa de participación que contabiliza como éxitos los puestos de cuota mientras los ciudadanos luchan por encontrar un trabajo significativo genera una brecha de credibilidad.
La reputación internacional. El posicionamiento de Arabia Saudí como una economía transparente y favorable a la inversión se ve socavado por prácticas de datos que quedan por debajo de los estándares internacionales. Mejorar la transparencia de los KPI reforzaría el relato más amplio de modernización.
Conclusión
La Visión 2030 ha logrado avances genuinos y sustanciales en múltiples dimensiones. La transformación social es real. La reforma institucional es significativa. El desarrollo de infraestructura es visible. Un programa de esta escala y ambición merece reconocimiento por lo que ha conseguido.
Pero la afirmación del 93 % en marcha, aunque no sea necesariamente falsa, no se ha sometido a la verificación independiente que merece un programa de transformación nacional de más de 1 billón de dólares. La ausencia de datos públicos exhaustivos de KPI, de evaluación independiente y de metodología transparente socava la credibilidad de la métrica; no porque la cifra sea errónea, sino porque no puede verificarse de forma independiente.
A los intereses de Arabia Saudí les convendría más una medición más transparente. Una contabilidad honesta de dónde destaca el programa y dónde se queda corto aumentaría la confianza en lugar de disminuirla, y demostraría la madurez de un programa capaz de reconocer los retos manteniendo el compromiso con sus objetivos. Los mejores programas de transformación nacional no son los que se proclaman perfectos, sino los que miden con honestidad y se adaptan en consecuencia.
Este análisis refleja los datos públicos disponibles hasta febrero de 2026 y representa la opinión analítica independiente de The Vanderbilt Portfolio. No constituye asesoramiento de inversión.